
Irapuato, Guanajuato.- En diversos municipios del estado de Guanajuato se mantiene viva una de las tradiciones más representativas de la Cuaresma: el Agua de Dolores, una práctica que combina la fe, la convivencia comunitaria y la gastronomía.
De acuerdo con la tradición, su origen se remonta al siglo XVI, cuando las familias colocaban altares dedicados a la Virgen de Dolores en el interior de sus hogares. Durante estas fechas, las personas recorrían las casas preguntando: “¿Ya lloró la Virgen?”. Si la respuesta era afirmativa, los visitantes eran invitados a pasar, rezar y posteriormente recibir un vaso de agua fresca como símbolo de hospitalidad.
Se tiene registro de que esta costumbre fue impulsada en la región por frailes agustinos durante el siglo XVIII, consolidándose con el paso del tiempo como una de las expresiones más arraigadas en la entidad.
El Agua de Dolores, también conocida como “agua de ensalada” o “agua de Cuaresma”, destaca por su característico color rojo intenso, el cual simboliza la sangre de Cristo o el dolor de la Virgen María.
Ingredientes y preparación (Puede variar según la región)
Esta bebida tradicional se elabora con una mezcla de frutas y vegetales frescos que le dan un sabor único y refrescante. Los ingredientes principales son:
- Betabel (remolacha) cocido
- Lechuga picada
- Plátano en rodajas
- Naranja en trozos
- Manzana picada
- Agua
- Azúcar al gusto
Para su preparación, primero se cuece el betabel hasta que esté suave y se utiliza tanto el vegetal como el agua de su cocción, que aporta el característico color rojo. Posteriormente, se agrega agua adicional y se incorporan las frutas y la lechuga previamente desinfectadas y picadas. Finalmente, se endulza al gusto y se deja reposar para que los sabores se integren.
Más allá de su sabor, el Agua de Dolores representa una tradición de identidad y fe que año con año reúne a familias y comunidades en Guanajuato, preservando una costumbre que ha trascendido generaciones.
