
Irapuato, Guanajuato.- Con una canasta al hombro y una caja de cartón en la otra mano que le roban el equilibrio, Paquito quien nació con parálisis cerebral, aprendido a base de años a recorrer las calles vendiendo dulces, chamoy y antojos.
Su historia no comienza hoy ni ayer: empezó cuando apenas tenía 10 años, impulsado por la necesidad, pero también por la decisión propia de salir adelante.
Hoy, a sus 25 años, suma ya 15 años de trabajo continuo, una rutina que se volvió parte de su vida desde la infancia.
“Yo le dije a mi mamá: ‘Mami, yo quiero trabajar’”, recordó.
Su madre, María Isabel, ya se dedicaba a la venta de productos preparados, una actividad que también involucraba a otros familiares. Fue en ese entorno donde Paquito dio sus primeros pasos en el comercio, instalándose afuera de escuelas, entre niños y recreos, aprendiendo poco a poco el oficio.
Entre la escuela y el trabajo
Paquito logró concluir la secundaria, pero no continuó sus estudios. La decisión fue clara: enfocarse de lleno en su negocio.
“Me dediqué al negocio”, dice con sencillez, sin rodeos.
Desde entonces, ha hecho de la venta ambulante su forma de vida. Aunque reconoce que no es un trabajo fácil, para él se ha vuelto algo natural.
“Para otros está difícil vender, pero a mí se me hace fácil”, aseguró.

El peso del trabajo… y la costumbre
Quienes lo ven caminar con su canasta suelen sorprenderse por el peso que carga. Él calcula que ronda los 15 kilos, aunque para él ya no representa mayor problema.
“Es por el equilibrio… uno se acostumbra”, comentó con la sonrisa habitual que lo caracteriza.
Esa costumbre es resultado de años de práctica, de jornadas largas bajo el sol y de aprender a sostener no solo el peso físico, sino también la responsabilidad de generar ingresos.
Paquito señaló que sus ganancias pueden variar, dependiendo de las ventas de cada día.
“La gente me repone bien, me quieren mucho”, dice con una sonrisa que refleja el vínculo que ha construido con sus clientes dobladenses.
Paquito “el enamorador”
En lo personal, Paquito se define como “enamorador”, aunque actualmente no tiene pareja, recordó con humor su única relación, la cual terminó hace más de una década.
“Eso ya sanó”, afirmó, dejando claro que hoy su prioridad es el trabajo, sin embargo, anda repartiendo guiños a las muchachas guapas que visitan la plaza de Armas del municipio.
Aunque reconoció que él está enfocado en el trabajo, en el negocio, aunque podría intentar otras cosas, siente que su camino está en lo que hace.
“A lo mejor Diosito me puso en este camino”, reflexionó.
Lejos de mostrarse inconforme, Paquito habla con tranquilidad y aceptación sobre su vida. Para él, vender no es solo una actividad económica, sino una habilidad que domina y que le ha permitido salir adelante desde niño.
En medio del bullicio de la ciudad, su historia es la de muchos que crecieron trabajando, pero también la de alguien que encontró en el esfuerzo diario una forma de sostenerse y de sobreponerse a la adversidad para seguir avanzando.
