Las grandes inundaciones que sepultaron y reconstruyeron a León

Se cumplen 100 años de la tragedia que abriría las puertas de la modernidad abajeña

León, Guanajuato.- Cuando no era alguna epidemia, era la sequía o las inundaciones, pero durante siglos la ciudad de León -desde que era una villa- debió enfrentar calamidades provocadas por la naturaleza. Dos de ellas la marcaron: las inundaciones de 1888 y 1926.

Fueron las más significativas, pues la ciudad sufrió hasta el primer cuarto del siglo XX. Unas 20 anegaciones de diferente magnitud.

La de 1888 llevó a la construcción de edificaciones más resistentes que habrían de suplir a las derruidas casas de adobe; la de 1926 obligó a la creación de nuevos asentamientos que le comenzarían a dar carácter de ciudad más allá de su casco histórico y sus pueblos adyacentes.

La primera tragedia: 12 días de lluvias ininterrumpidas en 1888

Entre el 18 y 19 de junio de 1888, la ciudad sufrió una de sus tragedias más devastadoras de su historia. Fueron 12 días de lluvias ininterrumpidas. Debido a una tormenta en el norte de la ciudad, de la hacienda se desbordó el principal río de la ciudad. El agua arrasó con 2,232 casas de 117 manzanas y las calles quedaron destrozadas. Animales, árboles y personas fueron arrastrados por la corriente. Más de 5 mil familias quedaron en la miseria. El agua alcanzó hasta dos metros de altura en las calles más bajas.

Calle de Pachecos en 1888
Calle de Pachecos en 1888

Miles de habitantes, que perdieron todo patrimonio, se fueron de la ciudad. Este momento histórico tuvo una repercusión en la historia de la cultura nacional: entre los que quedaron sin bienes ni herramientas estuvo el grabador y dibujante José Guadalupe Posada. Se fue la ciudad, donde se había casado. Su partida lo generó nuevos horizontes.

Calle de Sacramento en 1888
Calle de Sacramento en 1888

La gente de la ciudad no se quedó cruzada de brazos: en 1889 construyeron el bordo del Río de los Gómez, para evitar inundaciones, y el Puente Barón para unir el pueblo del Coecillo a la ciudad, a instancias del obispo Don Tomás Barón y Morales

Puente del Coecillo en 1888
Puente del Coecillo en 1888

En 1892 se inauguró el “Malecón Colón” sobre el bordo de protección que el Batallón de Zapadores construyó en la margen derecha del Río de los Gómez.

La vida y el desarrollo reanudaban su marcha. En 1892 la ciudad tenía ya servicio telefónico local, prestado por la Compañía Telefónica Mexicana. En 1895 llegó la primera sucursal bancaria y su identidad tomaba forma en 1896 cuando fue inaugurado el Arco de la Calzada dedicado a los héroes patrios.  En 1898 León tuvo alumbrado público eléctrico y fue una de las pioneras en el país con ese servicio.

El primer automóvil apareció en las calles de León en 1904 y en ese año comenzó la construcción de la presa de Los Castillos. En 1905 contaba ya con proyecciones de cine y en 1906 se organiza la venta del primer fraccionamiento en terrenos del santuario. Para 1908 se abrieron los locales de la tienda La Primavera y el primero de las Fábricas de Francia y se crea la Cámara Agrícola Nacional de León.

En 1908, la ciudad contaba con 63 mil 265 habitantes. Las casas en su mayoría eran de un solo piso. Tenía 5 hoteles, 22 mesones, 2 hospitales, 2 asilos, 5 colegios de internado, 2 cuarteles, una cárcel de hombres y otra de mujeres. Aparte tenía 19 congregaciones con más de 4 mil habitantes y las haciendas y ranchos y en total sumaban más de 25 mil

En 1914, el servicio de trenes de pasajeros se ve interrumpido por la lucha armada revolucionaria. La ciudad quedó aislada. El triunfo constitucionalista comenzará a llevar a la ciudad a retomar su desarrollo. En 1919, Andrés Mendoza viajó en un automóvil Ford a la ciudad de México en una aventura de dos días. En 1920, un norteamericano ofrecía vuelos en avión por cuarenta pesos y en 1921 se realizaron carreras de autos. Abrieron el Teatro Vera en 1921 y ese mismo año llegaron los primeros aparatos de radio y el primer avión biplano a la ciudad.

En 1922, en el Círculo Leonés Mutualista se presentó al público el primer radiorreceptor de la ciudad, se fundaron los primeros clubes de futbol. Para 1923 abrieron la carretera a San Felipe y en 1924. pavimentaron la plaza principal.

En 1925 fue construido el estadio Patria junto a la calzada y ese mismo año se realiza el primer viaje en auto de México a León, ahora sí en menos de un día.

Todo pintaba bonito a pesar de algunas adversidades naturales: en 1892 la ciudad había sufrido una epidemia de tifo, en 1897 sufrió de escasez severa de agua potable, en 1911 tuvo brotes de epidemia de viruela y cólera; de octubre de 1915 a marzo de 1917, una epidemia de tifo y la hambruna cobraron muchas vidas. La ciudad vive un contraste migratorio: mientras que miles de leoneses con recursos económicos emigran a la capital del país en búsqueda de nuevas perspectivas, miles de alteños que huyen de sequías y epidemias en sus tierras, se refugian en León. En 1918 un brote de Influenza española, que diezmó a la población. La década de 1920 permitía superar revueltas políticas cuando llegó la inundación de 1926.

La otra desgracia: 1926, víspera del tradicionalmente lluvioso día de San Juan Bautista

En la madrugada del 23 de junio de 1926, los silbatos de los agentes del orden rompieron el silencio a la población que dormía para advertir sobre la emergencia: el Río de los Gómez había salido de su cauce. Primero alcanzó al centro de la ciudad. Luego, el arroyo del Muerto se desbordó e inundó al populoso barrio de del Coecillo, caracterizado por sus casas de adobe, que se vinieron abajo. A las nueve de la mañana hubo otra crecida provocada por el colapso de la presa de la antigua Hacienda de Arriba.

Álvaro Obregón y 5 de Mayo (antes de Pachecos), en 1926

Todo fue consecuencia de una tromba que se descargó al norte de Ibarrilla, y otras dos simultáneas en Cerro Gordo, se destruyeron las cortinas de las presas del mismo nombre y rebasaron el cauce del arroyo Mariches, que desemboca al de los Gómez.

El fotógrafo Manuel Obregón consignó la tragedia y, gracias a él, en el Archivo Histórico de León se encuentra la memoria gráfica de la tragedia.

Era el día de Santa Alicia y víspera del tradicionalmente lluvioso día de San Juan Bautista. La lluvia rebasó al Puente Barón y Morales. La corriente arrasó con cuando encontró a su paso y dejó el tranvía de mulitas totalmente destrozado.

Puente Barón en 1926
Puente Barón en 1926

Las fotos muestran calles anegadas y casas destruidas, a personas que cargan a sus hijos y sus pertenencias más valiosas rumbo a terrenos más altos. Muchos buscaron refugio en el Teatro Doblado, el Seminario y el Palacio Municipal, entre otros lugares seguros.

Abundan testimonios y relatos sobre la tragedia en una ciudad que comenzaría a sufrir también los estragos de la Guerra Cristera ese mismo año.

La inundación de 1926 mostró la vulnerabilidad de una ciudad que creyó bastarse con el “bordo”, que pomposamente llamaron “malecón”, del río de los Gómez.

Esa tragedia marcó cambios en su identidad y desarrollo: la devastada industria textil dejó su lugar a la del calzado y la curtiduría; la ciudad redefiniría su esquema de desarrollo urbano al impulsar crecimiento hacia partes altas, lo que dio lugar a colonias como la Obrera, Bella Vista y la Industrial. Luego se fue extendiendo hacia la zona de haciendas, para rebasar los límites históricos que le habían marcado la época colonial y el siglo XIX.

Sin embargo, siguió sin desarrollar una obra de infraestructura hidráulica acorde a sus exigencias: en 1973 tuvo otra inundación -menos dañina, pero también significativa- y cuando hay lluvias fuertes sus “encharcamientos” provocan daños y molestias. Como mayor referencia: no puede construir túneles subterráneos ni pasos “deprimidos” porque se inundarían. Así pasa con el cruce de la vía del ferrocarril con el boulevard Hermanos Aldama y con los pasos a desnivel que están en un río de Los Gómez convertido en viaducto.

Fuentes bibliográficas:

Labarthe Ríos, María de la Cruz, León entre dos inundaciones, Ediciones La Rana, México, 1997.

Blanco, Mónica et al, Breve historia de Guanajuato, Fondo de Cultura Económica, México, 2010.

Navarro Valtierra, Carlos Arturo, Inundaciones graves de León, 1608 a 1998. León, Guanajuato: Archivo Histórico Municipal de León. México, 2006.

Navarro Valtierra, Carlos Arturo. Llegar a ser, monografía de León, Gobierno del Estado de Guanajuato, México, 2010.

*Texto por Federico Velio Ortega. Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UNAM, maestro en Investigación Histórica por la UG, especializado en historia de la prensa. Actualmente estudia doctorado.

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