La última lección: maestra María Eugenia se jubila tras formar generaciones en Irapuato

Entre recuerdos y emoción, la docente cerró su etapa frente al aula en la primaria Luis Chávez Orozco donde pasó más de 25 años de servicio

Irapuato, Guanajuato.- Entre risas, anécdotas y palabras cargadas de emoción, la comunidad educativa despidió a la maestra María Eugenia Evangelina Fonseca, quien tras años de servicio dedicados a la enseñanza decidió cerrar un ciclo en su vida profesional.

La ceremonia de jubilación no solo fue un reconocimiento a su trayectoria frente al aula, sino también un momento para recordar las historias que marcaron su vida como docente.

Durante su despedida, la maestra recordó que los momentos más valiosos de su carrera no estuvieron en los reconocimientos formales, sino en los resultados que alcanzaron sus estudiantes.

Los mejores mo dementos son cuando tenemos buenos resultados, cuando vemos que nuestro trabajo no es en vano, que realmente hay respuesta tanto de los alumnos como de los padres de familia, compartió.

Aunque en un inicio dudó sobre permanecer en la escuela Luis Chávez Orozco donde desarrolló buena parte de su carrera, con el paso del tiempo esa decisión se convirtió en una de las más significativas de su vida profesional.

Yo me voy muy contenta con los padres de familia, con esta comunidad tan linda con la que me tocó vivir estos 26 años. Padres comprometidos, dedicados. En un principio yo decía: No, yo no quiero esta escuela, yo quiero la Valentín que está en el centro. Sin embargo, no me arrepiento de estar aquí, recordó.

La maestra destaca que una de las mayores satisfacciones de su carrera ha sido trabajar con familias comprometidas con la educación de sus hijos.

Son unos papás maravillosos, unos niños con valores, con dedicación, con educación. Se ve que el padre de familia participa para que estos niños salgan adelante y eso nos enorgullece, expresó.

Entre las historias que guarda con especial cariño está la de Diego Cervantes, un alumno que hace algunos años representó a su escuela en la Olimpiada del Conocimiento Infantil.

Diego fue un niño muy dedicado que participó en la Olimpiada del Conocimiento y llegó casi a la última etapa, relató con orgullo.

Pero el paso del tiempo también le ha permitido reencontrarse con historias que comenzaron hace décadas y que hoy muestran el impacto de la educación básica. Uno de esos casos es el de Jesús Gutiérrez, quien años después de haber sido su alumno se convirtió en profesionista.
Cuando yo llegué aquí a esta escuela había un niño, Jesús Gutiérrez. Era un excelente alumno, proveniente de la Villa Infantil, hoy es abogado, trabajador social y trabaja en el DIF y en la Procuraduría en Guanajuato, contó.

Para la maestra, saber que uno de sus alumnos logró desarrollarse profesionalmente representa una de las mayores recompensas de su carrera.

Ya se nos llena de orgullo porque es uno de nuestros niños que salió de aquí. Él cosechó lo que nosotros sembramos, dijo.

La educadora también reflexionó sobre lo difícil que resulta para muchos docentes de primaria ver el resultado de su trabajo, sobre todo cuando cambian constantemente de escuela.

Es muy difícil para los maestros de primaria ver el fruto cuando están saltando de aquí para allá. Pero cuando nos quedamos muchos años en una misma escuela, vemos esos frutos, explicó.

Esa satisfacción continúa llegando incluso en sus últimos días frente al aula. Hace poco, relató, una abuela se acercó para contarle una noticia que le alegró el día: uno de sus exalumnos había terminado la carrera de ingeniería.

Una abuelita me decía: Ya Isaac terminó la carrera de ingeniero automotriz. Y digo: ¡Ay qué bueno!. Eso da mucho gusto, porque de alguna manera nosotros sembramos la semillita, comentó.

Para la maestra Fonseca, la enseñanza en primaria es una de las etapas más importantes en la vida educativa de una persona.

Es en la escuela primaria donde se aprende a leer y escribir. De ahí vamos a ver los frutos más adelante, afirmó.

Finalmente, subrayó que el éxito educativo no depende únicamente del maestro o del alumno, sino del trabajo conjunto con las familias.

La educación no es nada más del maestro ni del alumno, también es del padre de familia. Cuando hay ese apoyo se logran muchos triunfos, concluyó.

Así, entre recuerdos de alumnos que hoy son profesionistas, jóvenes que destacaron en concursos académicos y generaciones que crecieron bajo su enseñanza, la maestra María Eugenia Evangelina Fonseca se despide de las aulas con la certeza de que las semillas sembradas durante casi medio siglo continuarán dando frutos.

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