
GUANAJUATO, GTO.- El temor se cumplió: el cuerpo del tercer minero localizado en la mina Santa Fe de El Rosario, Sinaloa, era el de Abraham Aguilera. Tenía 33 años de edad, estaba casado, se fue a las minas del norte porque en Guanajuato no tenía las mismas oportunidades. Allá murió, sepultado con jales (residuos de minerales), sin que las autoridades de su estado natal intentarn algo más para salvarlo.
El derrumbe fue el 25 de marzo. La presa de jales que está sobre la mina se rompió e inundó las galeras. De un grupo de 25 mineros afectados, 21 de ellos pudieron salir a tiempo: cuatro quedaron atrapados: el michoacano José Alejandro Cástulo Colín, los duranguenses Francisco Zapata Nájera y Leandro Veltrán y el guanajuatense Abraham Aguilera Aguilera.
Primer rescatado
El derrumbe fue el miércoles 25 de marzo y el hecho generó conmoción nacional. En Guanajuato, la presidenta municipal, Samantha Smith Gutiérrez, comunicó el hecho e informó que se enviaría una cápsula especial usada para rescates en este tipo de tragedias.
El lunes 30 de marzo ocurrió el primer acto de esperanza: los rescatistas encontraron a José Alejandro Cástulo Colín, de 44 años de edad, quien sobrevivió porque se resguardó en un contrapozo. Así lo dijo a la televisión:
“Andaba trabajando abajo y estaba rellenando un espacio que me pusieron a ahogar, se le nombra, y ya cuando venía de regreso vi que empezó a bajar el lodo y ya no me salí de ese lugar, sino quedé en la salida de la rampa porque no sabía dónde venía, tenía algún, un reflejo, pues, de que yo ya iba desde tiempo antes había pensado, como la presa la tenemos encima de la mina, yo sabía que en cualquier rato pues tenía que reventar, entonces pues luego luego se me vino la mente la presa, entonces me quedé ahí”.
Cuando vio que le llegó un montón de lodo a la máquina saltó y se resguardó en un contrapozo. Desde ahí miró cómo el lodo seguía su camino hacia abajo, donde estaban sus compañeros. El michoacano fue encontrado en un aceptable estado de salud. Lo atendieron en Mazatlán y de ahí se lo llevaron a su tierra natal para su completa recuperación.
Al principio se creyó que los tres restantes estaban unos 30 metros abajo: luego supieron que estaban mucho más al fondo, en galeras más profundas. Los trabajos se intensificaron.
A las 13:50 hora local del martes 7 de abril, Francisco Zapata Nájera, de 42 años y originario de Santiago Papasquiaro, Durango, fue rescatado con éxito. El Comando Unificado, encabezado por la Coordinación Nacional de Protección Civil (CNPC) de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC).
Estaba en una zona donde se creó una burbuja de oxígeno. Agua y lodo llegaron casi hasta el tope de la zona donde se encontraba, pero gracias a que los equipos de rescate hicieron trabajo de drenado, el espacio quedó más despejado.
Desde dos días antes la tecnología había detectado la probabilidad de que hubiera posibilidades de acceder a él. Lo hallaron sin camisa, con su casco y una lámpara que prendía a ratos para poder soportar la claustrofobia y la oscuridad.
Fue encontrado y sacado de ese hueco por buzos del ejército mexicano y luego trasladado por las galeras para llevarlo en un helicóptero de la Defensa a Mazatlán.
Su rescate fue celebrado en Durango de manera doble: salvaron a uno de los suyos y en el salvamento participaron rescatistas que el gobierno de esa entidad había enviado. Les falta otro y con él el guanajuatense Abraham Aguilera.
El drama por incertidumbre
Horas después de que Zapata fue rescatado, encontraron metros abajo un cuerpo más. Estaba irreconocible y muy descompuesto. Una familia duranguense y otra guanajuatense rezaban porque no fuera el suyo.
Pasaron los días y este 11 de abril se notificó oficialmente que se trataba de Abraham Aguilera. Leandro quedó mucho más abajo y no se descarta la posibilidad de que aún viva si logró evadir el lodo como lo hicieron los dos sobrevivientes.
Por el estado en que encontraron el cuerpo de Abraham, los peritajes indican que quedó desde el principio sepultado por el lodo de los jales. De ahí su estado físico y la imposibilidad de identificarlo a simple vista.
Sus familiares temían lo peor y restringieron sus espacios digitales como una forma de prudencia ante lo que pudiera venir. La mala noticia sí llegó.
La tristeza en Guanajuato
Abraham dejó hace un año su natal Guanajuato porque en Sinaloa sí había trabajo. Su esposa se quedó en esta capital. El muchacho, de 33 años de edad, fue contratado porque a nivel nacional se valora la calidad del trabajo guanajuatense.
Ahora es el segundo minero local que muere en estos días: Juan Carlos Martínez Ramírez, de 30 años de edad, murió el 30 de marzo en la mina “La sorpresa”, en Durango, cuando un compañero accionó accidentalmente un detonador.
El drama que había en torno a Abraham hizo que esta tragedia pasara relativamente desapercibida y dejó para otra ocasión el dato para la reflexión: el éxodo de mineros guanajuatenses.
La muerte de Abraham dejó su eco. Samantha Smith publicó en sus redes digitales:
“Lamento profundamente el fallecimiento de Abraham Aguilera, guanajuatense y trabajador minero, quien fue localizado sin vida tras el accidente en la mina de Santa Fe.
Desde que se tuvo conocimiento de que se encontraba atrapado, se activaron protocolos correspondientes y se mantuvo seguimiento a la situación a través de la Secretaría de Seguridad Ciudadana. Tras su localización, instruí al Secretario de Seguridad Ciudadana mantener contacto permanente con su familia para brindarles acompañamiento y apoyo en este momento tan difícil.
A su esposa, familiares y amistades les expreso mi más sentido pésame y toda mi solidaridad.
Guanajuato es tierra minera. Honramos con respeto a quienes, con su trabajo, han forjado la identidad y la historia de nuestra ciudad”.
En Durango esperan el milagro de encontrar con vida a su conciudadano. Así como la experiencia de Francisco Zapata le ayudó a sobrevivir, esperan que Leandro pueda también usarla y se haya movido a zona más segura.
Los rescatistas duranguenses siguen ahí y su gobierno contribuye, al igual que los de Jalisco y Sinaloa, a financiar el rescate. El Guanajuato sólo hay esquelas gubernamentales.