El verdadero rostro de la FIFA

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“¿Alguna vez cambiará
la vocación mercantilista de la FIFA?”.
Abel Pérez Rojas.

Opinión.- La operación anticorrupción emprendida por instancias judiciales de los Estados Unidos al interior de la Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA), tiene implicaciones que transcienden el ámbito del espectáculo del balompié y desnudan una red que amasa dinero a costa de millones que continúan empobreciéndose sin remedio.

Desde su fundación en 1904, la FIFA emprendió un meteórico crecimiento sólo apaciguado como es entendible por la Primera y Segunda Guerra Mundial, pero a la fecha ha logrado tal expansión que está integrada por 209 asociaciones o federaciones, lo cual le ha llevado a contar con muchos más miembros que la Organización de las Naciones Unidas.

Son varios los “logros” extra cancha de la FIFA, pero llama la atención que hasta ahora la FIFA no había rendido cuentas a ningún gobierno en particular, pues su gigantismo permitía que en todos los países tuviera intereses, pero no se somete a las leyes de ninguno en particular.

Aunado a lo anterior se fue construyendo una red de complicidades que involucró a promotores, autoridades deportivas nacionales, marcas comerciales, representantes, funcionarios de FIFA, etc. En medio de todo ello siempre estuvieron algunas preguntas en el aire: ¿quién o quiénes son los dueños de la FIFA? ¿A quiénes rinde cuentas la FIFA?

Como en el resto de corporaciones supranacionales esas preguntas a ciencia cierta no se pueden contestar satisfactoriamente, y en el mejor de los casos sólo se atina a enunciar algunos de los nombres de los altos funcionarios y representantes de la Federación a nivel nacional e internacional.

Por otra parte, debido al poder de penetración y aceptación del fútbol -éste espectáculo que operado de esa manera ha dejado de ser un deporte para ser sólo una industria- la FIFA empezó a tener entre manos una herramienta o arma de control y alienación masiva que podía direccionar para donde se le antojara o para donde apuntara el mejor postor.

Combinando el aspecto de penetración y el económico, se entiende mejor el negocio que no tiene pierde: mientras el país sede de un Mundial debe realizar inversiones multimillonarias, la FIFA en las últimas emisiones se ha llevado más de las tres cuartas partes de las ganancias obtenidas.

Si el negocio es tan desventajoso, entonces ¿por qué existe tanta pugna por organizar la máxima justa futbolística?

Hay varias razones, los preparativos mundialistas dan motivo a los gobiernos a solicitar créditos extraordinarios para tal fin, los cuales a su vez son objeto de múltiples modalidades fraudulentas para el enriquecimiento de empresas y funcionarios.

Mientras sucede el enriquecimiento de algunos se ha demostrado que las grandes mayorías de los países sede dicen estar más felices y contentos.

Para ejemplificar todo lo anterior basta con revisar los resultados de la pasada Copa del Mundo en Brasil y se entenderá mejor el tobogán descendente que ha llevado este año a la  mayor contracción del consumo de las familias desde 2008.

En resumen, en un Mundial de Fútbol, gana la FIFA y se enriquecen quienes intervinieron en la organización (grandes empresas y funcionarios corruptos), pero pierde y empobrece la población del país sede.

¿Cambiará la vocación empobrecedora de la FIFA después del operativo anticorrupción? Desde este momento le digo que no, porque desgraciadamente no es motivo ni interés de la investigación. ¿Usted qué opina?

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