
Cuerámaro, Guanajuato.- Maria de Luz lucha por sacar adelante a su hija con discapacidad, vendiendo botanas en el jardín principal de Cuerámaro.
Bajo el sol del jardín principal de Cuerámaro, María de la Luz camina despacio con una canasta de botanas en mano. Saluda a quienes ya la conocen, ofrece su producto con una sonrisa y continúa su recorrido. Detrás de cada paso hay una historia marcada por la pérdida, la necesidad y, sobre todo, la fortaleza.
Hace apenas unos años, su vida era distinta. Vivía en tranquilidad junto a su pareja, quien se encargaba del sustento del hogar. “Era una vida muy bonita, no nos faltaba nada”, recordó. Sin embargo, un accidente cambió todo de manera repentina. La muerte de su compañero la dejó sola, sin ingresos y con la responsabilidad d
e sacar adelante a su hija menor.
Fue entonces cuando encontró en la venta de botanas una forma de sobrevivir.
“Ya tengo como cuatro o cinco años vendiendo. No puedo tener un trabajo fijo porque mi hija tiene parálisis cerebral, no puede caminar y necesita de mí”, relató María, mientras explicó que su hija, de casi 15 años, depende completamente de sus cuidados.
Su jornada es corta pero constante. Sale “un ratito” a vender en el jardín, el mercado y algunas zonas conocidas, lo suficiente para llevar alimento a casa. “No deja mucho, pero para irla pasando, gracias a Dios, sí alcanza”, dijo con honestidad.

María tuvo cinco hijos, pero hoy solo vive con la menor, quien permanece en silla de ruedas. Su principal preocupación ahora es conseguir una silla nueva, ya que la que tiene está en malas condiciones.
“Ya no le sirven los frenos, tengo que andar con mucho cuidado. Sí necesitamos otra”, expresó con preocupación.
Aunque ha recibido apoyo en el pasado por parte de autoridades, señaló que en ocasiones no puede trasladarse por falta de recursos. Hoy, su esperanza es que alguien escuche su situación y pueda ayudarle a mejorar las condiciones de vida de su hija.
Desde hace un año y siete meses, María renta una vivienda en Cuerámaro, luego de dejar su comunidad en busca de mayores oportunidades. Cada mes destina mil 500 pesos al alquiler, un gasto que se suma a los retos diarios. A pesar de todo, no pierde el ánimo.
“Tengo un motivo muy grande en mi casa por quién luchar”, afirmó.
Su historia María de la Luz refleja la realidad que enfrenta sola frente la adversidad, sino también la dignidad del esfuerzo diario, que le permite salir adelante incluso en las circunstancias más difíciles.