
Guanajuato, Guanajuato.- En el espacio donde el intendente Juan Antonio de Riaño tuviera su casa, donde departió la palabra, la comida y el vino con Miguel Hidalgo, donde se tomó el nombre que Jorge Ibargüengoitia dio a la ciudad, se tuvo fiesta para celebrar un año de vida cultural.
Casa Cuévano celebró el fin de semana, del 28 al 30 de agosto, su primer aniversario con una jornada marcada por el reconocimiento a la comunidad que ha acompañado al espacio durante estos meses, y por una conversación franca sobre los desafíos que enfrenta quien decide dedicarse a la gestión cultural en el estado.
Primera entrega del Reconocimiento Riaño
El viernes 28 de agosto, Casa Cuévano entregó por primera vez el Reconocimiento Juan Antonio de Riaño y Bárcena, reconocimiento creado este año para honrar a quienes han contribuido a construir comunidad en la ciudad de Guanajuato. El nombre del premio retoma al intendente cuya casa antecede históricamente al lugar donde hoy se ubica Casa Cuévano.
En esta primera edición, el reconocimiento fue otorgado en tres categorías: como colectivo, a Colectivo Seres A.C.; e individualmente a Mafa HA, artista, performancera y especialista en Jorge Ibargüengoitia; y a Emilio Romero, director del Acervo Fotográfico de Guanajuato.
La entrega contó con una nutrida asistencia y fue recibida con aplausos tanto para los premiados como para Casa Cuévano, en lo que se perfila como el arranque de una tradición anual dentro de la programación del espacio.

Vivir de la gestión cultural en Guanajuato
El sábado 29 por la tarde, se llevó a cabo el conversatorio La gestión cultural en Guanajuato, con la participación de María José Abreu, gestora independiente; Álvaro Lara, subsecretario de cultura estatal; y Rodrigo Rojas, académico de la Universidad de Guanajuato, moderado por Salvador González, director y fundador de Casa Cuévano.
La conversación abordó, sin medias tintas, las condiciones reales de quienes ejercen la gestión cultural en el estado. Entre los temas que marcaron la discusión estuvo la falta de profesionalización para la gestión cultural, la necesidad de trabajar de manera colectiva antes que individual, y un llamado a repensar los planes de estudio de la UG: formar no sólo creadores, sino también gestores capaces de manejar las llamadas “habilidades blandas” del oficio, el dominio de herramientas administrativas básicas y hasta la relación con el SAT, de modo que los artistas puedan gestionarse a sí mismos y acceder a convocatorias estatales, en lugar de depender únicamente del mecenazgo.
El impulsor
Durante la celebración estuvo presente Salvador González, director y fundador de Casa Cuévano, quien tomó la palabra para hablar sobre la importancia de espacios culturales y comunitarios como este en el tejido social de la ciudad. González adelantó también que se vienen sorpresas para el futuro del proyecto.
En un momento especialmente emotivo, González agradeció al equipo que ha hecho posible este primer año: a Oscar Espinoza, director de prensa; a Monserrat Vázquez, encargada de la galería; y a todo el equipo de colaboradores que, desde las distintas áreas del espacio, sostiene la programación cultural, gastronómica y comunitaria de Casa Cuévano. Agradeció también a su familia, presente entre el público, como parte fundamental de este primer aniversario.
Con esta celebración, Casa Cuévano cierra un primer año de programación cultural constante: cine, círculos de lectura, conciertos, talleres, exposiciones y conversatorios, sumando la realización de 511 eventos culturales anuales, y abre una nueva etapa con el Reconocimiento Riaño como parte permanente de su identidad institucional.
En “Estas ruinas que ves”, Jorge Ibargüengoitia describió la vida cultural del Guanajuato que convirtió en Cuévano. Ese nombre fue tomado para otro espacio de tertulia y arte.
