
Guanajuato, Guanajuato.- A José Juan Anguiano León se le encontraba frente a las escalinatas de la Universidad de Guanajuato, en donde explicaba la simbología de ese espacio y de los componentes arquitectónicos del edificio central de la casa de estudios. En ocasiones se le contrataba para guiar recorridos turísticos por la región y entonces narraba otra historia: los orígenes de la tumba de José Alfredo Jiménez, en Chihuahua.
Esas historias ya no se cuentan desde finales del pasado mes de noviembre, cuando José Juan trascendió.
Otro compañero periodista, también ya fallecido, Manuel Carrillo, dijo:
“Con él se podía platicar de filosofía y teología, sus conocimientos eran muy amplios, pero sobre todo, le fascinaban la historia y arquitectura de Guanajuato; las charlas con él se prolongaban por varios minutos, incluso, hasta una hora, siempre y cuando los turistas le dieran tiempo de dialogar con sus amigos”.
Manuel prosiguió:
“José Juan llegó a la ciudad hace 10 años, procedente de Valle de Santiago, desde entonces, investigó, reunió información relativa a la capital del estado; atrajo su interés la construcción de la escalinata de la UG; siempre relataba con especial gusto, que en 1950, el entonces gobernador José Aguilar y Maya le comentó al rector, Antonio Torres Gómez, la idea de “hacer una obra magnífica” y le mostró una pequeña cajetilla de cerillos “Clásicos de la Central”; ahí aparecía la imagen de la catedral de Girona, España, y deciden invitar a su amigo, el arquitecto Vicente Urquiaga y Rivas, a construir el proyecto. Ese fue el origen de la escalinata universitaria”.
José Juan Anguiano comentaba que la fachada del edificio es de un estilo ecléctico – una mezcla de diversas formas;- ; en cuanto a la escalinata fue construida en cuatro niveles – aquí, siempre hacía una pausa para afirmar: “aquí hay un ritual educativo, el ser humano tiene que subir 4 niveles, primaria, secundaria, preparatoria y universidad; de esta forma, cuando un joven asciende los 86 escalones, alcanza la cima para cumplir el ritual de la excelencia académica”.
A él le gustaba explicar que adentro del edificio, en el auditorio, se encuentran cuatro personajes: Alfredo Dugés, médico que fundó el Museo de Historia Natural; Julio García, directivo del Colegio del Estado; Ponciano Aguilar, arquitecto con diversas obras en Guanajuato. Decía también que en cada uno de los cuatro personajes hay elementos de alguna graduación masónica. Alfredo Dugés tiene un cráneo en su mano; Julio García, tiene La Biblia; Ponciano Aguilar, un compás y escuadra; y Manuel Doblado, una espada.
Contaba a los turistas historias basadas en hechos reales, no como suelen inventar leyendas los guías convencionales.
Joséalfrediano: antes de ser guía en la capital, lo fue en Dolores Hidalgo
Antes de ser guía de turistas en la capital, lo fue en Dolores Hidalgo, donde se distinguió por explicar la simbología de la tumba del más reconocido dolorense: José Alfredo Jiménez, el poeta musical de México.
José Juan era maestro retirado. Daba clases de historia en primaria y secundaria y terminó esa etapa en Dolores Hidalgo, donde empezó a ejercer su nueva profesión de guía de turistas, relator de historias y descifrador de simbologías.

Muerte y mito
José Alfredo Jiménez Sandoval murió a las 9:10 de la mañana del 23 de noviembre de 1973 en la clínica Londres, de la ciudad de México. Había pedido ser sepultado en su pueblo adorado. La familia hizo cumplir la petición para que no se le tuviera en la rotonda de las Personas Ilustres.
La velación fue en una capilla de una agencia de la calle Félix Cuevas y el traslado a Dolores Hidalgo fue con una comitiva de coches y autobuses. La recepción fue apoteósica y quedó en la memoria su recuerdo, en una tumba sencilla, con una lápida con su nombre, las fechas de nacimiento y muerte y la frase de “La vida no vale nada”.

Así lo explicó José Juan:
Ante la exigencia de turistas para conocer vida y obra del cantautor, se acercó a la familia del dolorense y tuvo especial convivencia con José Alfredo Jiménez Gálvez, el hijo del compositor y así conocer detalles para contar a los visitantes.
Narró que, teniendo varios años de muerto José Alfredo, unos turistas venezolanos se acercaron a la familia para decir que no era posible que un gran artista tuviera una tumba tan sencilla. Admiradores del compositor, escuchado en toda Sudamérica y muy recordado en Venezuela, propusieron que le hicieran un gran mausoleo y aportaron dinero
Paloma Jiménez Gálvez, hija del compositor, acordó con la familia hacer algo digno. Correspondió al arquitecto Javier Sonosiain, esposo de la mujer, diseñar la obra. El mausoleo empezó a ser construido y fue inaugurado en 1998, al cumplirse 25 años de la muerte del poeta musical.
La base principal es un gran sombrero que apunta hacia occidente, en honor a la canción “La media vuelta”: “y me iré con el sol, cuando muera la tarde”. En la parte baja remata con la frase solicitada en vida por el compositor: “la vida no vale nada”.
La tumba tiene una cruz hecha con 113 hoyos, que representan el número de cuarto donde estuvo internado falleció.
Abajo del sombrero, señala el narrador, hay una gota de agua y explica el origen:
José Alfredo tenía mucha sed y pidió agua a su madre. Ella le dijo: no te puedo dar agua porque te puedes ahogar. El convaleciente insistió y ella le colocó la gota en la lengua.
A un lado del mausoleo de José Alfredo está la tumba de su madre, quien externara en 1953 la frase de “la vida no vale nada” y quien le diera esa última gota de agua.
Frente al sombrero está una aparente serpiente multicolor, hecha con fragmentos de cerámica dolorense: representa a un sarape y a la sierra de Guanajuato, la de Santa Rosa, de donde se inspiró la estrofa de “ahí nomás tras lomita está Dolores Hidalgo: yo ahí me quedo, paisano, ahí es mi pueblo adorado.
En el sarape están escritos los nombres de 117 de las más de 300 canciones que compuso.
Para José Juan, ver la belleza de un espacio y conocer su simbología permite no sólo disfrutar, sino también entenderla.

Los recuerdos de Dolores Hidalgo
Me retiré como maestro en Dolores Hidalgo, recuerda el entrevistado, y me dediqué a ser cronista y guía de turistas. La gente me preguntaba sobre José Alfredo y les platicaba sobre la escuela Centenario, que está cerca de su casa y donde estuvo hasta los cinco años de edad.
A través de anécdotas con sus hijos, especialmente con José Alfredo Jiménez Jr., conoció detalles de la vida del compositor, cuyas canciones el profesor escuchaba desde pequeño y se fue apasionando con el personaje.
Estaba en Morelos, contó, cuando me encuentro a gente de Sudamérica y cuando les dije que yo era de Guanajuato de inmediato ubicaron al cantautor dolorense. La música de hoy no nos dice nada; la de José Alfredo nos llega hasta el corazón, me dijeron-
Gracias a José Alfredo, en países como Paraguay hay más de 100 grupos de mariachi, decía.
Muchas historias más se quedaron en el recuerdo de quienes pudieron charlar con él o estar como parte de un grupo guiado. En esta Semana Santa que terminó, ya no estuvo. Las escalinatas de la Universidad de Guanajuato estuvieron sin él, se le extrañó.
