Ferrocarril, una vía a la modernidad de Irapuato

 

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Irapuato, Guanajuato.- Un 16 de septiembre de 1880, fue un día especial que marcó la historia de Irapuato. Llegó el ferrocarril.

Ese día arribó a Irapuato el primer tren de vapor de vía angosta procedente de Celaya y de ahí en adelante el crecimiento del tren sería muy acelerado.

Lo anterior, se remonta al 8 de abril de 1878 cuando el gobernador del Estado, el general Francisco Z. Mena dio inicio a los trabajos del Ferrocarril de Guanajuato en su tramo de Celaya a León.

Entre 1881-1882 la Compañía Limitada del ferrocarril central mexicano compró terrenos, hizo pagos por pérdida de cultivos y la realización de los trabajos a los pobladores en el tramo del rancho San Francisco, hacienda de Arandas, rancho del Llanito, hacienda de Serrano, Santa Bárbara, Pozos de Gallegos, San Antonio el Rico, San Diego, La Soledad.

El 6 de marzo de 1882, Juan Vargas y hermanos en representación de varios vecinos vendieron a la compañía Ferrocarril Central Mexicano un terreno, denominado Rancho Los Rincones, al frente de la calle Del Fresno  (Primero de Mayo), para ubicar allí la estación del ferrocarril pero se construiría hasta 1887.

Dicha estación la nombran en el corrido de “7 Leguas”, a la que a bordo de los trenes arribó Pancho Villa, “donde cantaban los horizontes”, para cumplir con su cita con el destino en la batalla contra Obregón en Celaya. El primero de mayo 1882 se abrió al tráfico público el tramo construido entre Celaya e Irapuato.

En ese mismo año también se abre una nueva ruta, hacía la Ciudad de México  y posteriormente a León y Ciudad Juárez.

Tres años más tarde se inaugura el primer ferrocarril urbano de transporte animal, que ofrecía a los pasajeros el recorrido desde el centro de Irapuato hasta la Estación del Ferrocarril.

En 1887, se inició la construcción del local de la Estación y comenzaron los trabajos de terracería para la línea Irapuato-Guadalajara. Y en 1888 Irapuato inauguró esta nueva vía, lo que le daría mayor empuje.

La agricultura en el Bajío, también en Irapuato prosperó gracias a este nuevo transporte; Guanajuato se convirtió en los principales productores de garbanzo, maíz, trigo, cebada y harina de trigo, productos enviados hasta otros estados y fue llamado “El Granero del Bajío”.

Atrás no se quedó la producción de las tradicionales fresas y el nardo, para 1890 la frutilla se convirtió en la mejor y ello se le debió en gran parte al ferrocarril que permitía su difusión y dinamismo, no sólo en el país si no hacia Estados Unidos.

En ese entonces, la Villa de Irapuato tenía 105 manzanas y 2 mil casas donde vivían sus 14 mil 778 habitantes.

Junto al desarrollo del ferrocarril,  Irapuato se modernizó y creció como parte de la ciudad que es hoy. En la actualidad, el ferrocarril es de carga, sin embargo a través de los años la historia se marcó.

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