
Guanajuato, Gto.- En la celebración de los 410 años de existencia de la costumbre de subir al Cerro de la Bufa y llegar hasta Los Picachos y la cueva, donde se venera a San Ignacio de Loyola y se le pide para que haya más lluvias, hubo más vendimia, más ebrios, polémica por los “arreglos” al camino y hasta una campal nocturna.
Esta vez fueron más de 200 puestos de comida y diversos productos, además de juegos mecánicos los que sirvieron para que uno de los clásicos días de asueto de la capital fuera para el deleite de gente de todas edades y clases sociales que hacen de lo sencillo un disfrute: subir paso a paso hasta lo alto del monte, desde donde se contempla a la ciudad, se bebe, come y convive.
La Fiesta de la Cueva celebró su aniversario 410. Se realiza en honor de San Ignacio de Loyola, santo patrono de la ciudad. Ignacio de Loyola falleció en 31 de julio de 1556 tras haber fundado la Compañía de Jesús. Paulo V lo beatificó en 1609. Los jesuitas, ya establecidos en la Real de Minas de Guanajuato, que empezó a poblarse en 1542, comenzaron a partir de 1616 a cambiar la tradición surgida desde los tiempos de la ocupación de purépechas y antes los chichimecas: subir a esos cerros para hacer de las cuevas centros ceremoniales.
El beato Ignacio de Loyola fue canonizado por Gregorio XV en 1622 y la fiesta tomó mayor auge en la cada vez más rica ciudad minera.
El cronista de la ciudad, Eduardo Vidaurri Aréchiga, explica el origen de la fiesta de La Cueva: “surgió a iniciativa del cura Diego Gómez, de una parroquia donde actualmente se ubica la Basílica. Desde el principio se fijó como fecha de la celebración el 31 de julio”. “En 1609 mandó colocar una capilla a San Ignacio de Loyola. Su insistencia, su pasión por el santo, de que debería ser el patrón para ayudar a los problemas de la ciudad, lo llevó a que en 1616 la población de Guanajuato y el padre declararan que San Ignacio de Loyola, entonces beato, era el patrón de Guanajuato, y le dedican las dos cuevas que están en el cerro de La Bufa.
En 1624, se solicitó al Cabildo eclesiástico de Valladolid (hoy Morelia) la aprobación oficial para que San Ignacio de Loyola, fuera nombrado patrón de Guanajuato.
La fiesta hoy
La celebración comenzó el jueves 30 de julio con una cabalgata de casi 500 jinetes de la región. Partió desde la estación de Tepetapa y bajó al centro histórico. Al llegar a la Plaza de la Paz, el abad de la basílica de Nuestra Señora de Guanajuato les bendijo, para seguir su camino por el Paseo de la Presa, para luego enfilar por la carretera Panorámica y subir a La Bufa por el lado del cerro del Hormiguero.
Al llegar a la cueva de San Ignacio de Loyola participaron en una misa y luego organizaron competencias y suertes con sus caballos, mientras al lugar llegaban las primeras personas a pernoctar.
Al anochecer hubo juegos pirotécnicos y se iluminaron los cerros con luces y fogatas. Miles pasaron la noche en casas de campaña o al aire libre con la fogata enfrente. El festejo se vio empañado por una campal registrada en uno de los caminos, cuando se formó una fila para pasar por la vereda, hubo quienes brincaron su turno y se armaron los golpes sin importar la presencia de niños mujeres y adultos mayores.
Elementos de Protección Civil atendieron el conflicto y cuando llegó la policía ya no hubo a quién detener. Luis Gamba, el Secretario de Seguridad Ciudadana informó que la prioridad fue salvaguardar la integridad de la gente.

Ya el viernes, siguió la subida al cerro y la visita a la Cueva. En el paso estuvieron los más de 200 puestos de comercio y servicios diversos y carpas donde estuvieron partidos políticos e integrantes del Consejo Ecologista Guanajuatense, quienes cuestionaron el por qué la presidencia municipal construyó unas escaleras y puso tierra en un sendero de la parte alta.
La presidenta municipal Samantha Smith aclaró el punto y dijo que era para la comodidad de personas visitantes. A la una de la tarde fue la otra misa católica y posteriormente fueron los conciertos.
Con la caída del sol comenzó el regreso a casa. Fueron unas 35 mil almas, 5 mil más que el año pasado, con puestos sobre nuevos senderos y mucha venta de cerveza y michelada. Hasta la realización de este texto: cero detenidos y saldo blanco.
