La Bruja de Malvas: Leyenda de Irapuato

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Irapuato, Guanajuato.- La Bruja de Malvas, es una leyenda que se originó entre la comunidad de Malvas y Rancho Grande, en la que un joven campesino fue hechizado por una supuesta bruja, que con su belleza y bella voz logró encantarlo, hasta perder la razón.

Esta leyenda es una narración de su autor Carlos Sánchez Herrera en el libro Irapuato, Fundación, Tradiciones y Leyendas, consultado en el Archivo Histórico de la Ciudad.

“Esta leyenda me la contó un lugareño de Rancho Grande, quien me pidió el anonimato por ser gente de arraigo y muy conocido en el rancho. Así que atendiendo a su solicitud sólo lo nombraremos Don Anselmo.

Dice Don Anselmo hombre ya entrado en los 80 años, que este hecho le ocurrió a su abuelo Macario (nombre ficticio) cuando aquel mancebo contaba con escasos 19 años de edad. Por aquel entonces se llevaba a cabo una festividad de rancho y se habían allegado gentes de los ranchos vecinos a disfrutar del evento.

En esa ocasión, Macario conoció a la Rosita (nombre ficticio) una jovencita sencilla y muy bonita, de la cual se enamoró perdidamente. Animado por los amigos, “pos le canto el tiro” y se la hizo su novia. Pero como la chica era de Malvas, Macario tendría que ir a verla hasta allá si quería seguir conservando su amor.

Ni tardo ni perezoso el joven Macario iba todos los días a ver a la Rosita, de Rancho Grande a las Malvas, en el caballo que su papá le prestaba no muy convencido que digamos. Macario tenía la condición de regresar temprano a la casa, antes de las 10 de la noche o ya no le prestarían el caballo. A Malvas y Rancho Grande los unía un antiguo camino real de unos diez kilómetros de distancia, razón por la cual al padre del muchacho le apuraba mucho que éste se regresara solo tan tarde.

Una noche sin embargo, al joven se le hizo tarde por estar entregados a los asuntos propios de los enamorados, y sin darse cuenta ya pasaban de las once de la noche. Los gritos del papá de la Rosita los hicieron volver a l realidad y casi sin despedirse Macario tomó rumbo para su rancho. La noche estaba muy oscura, la luz de la luna creciente apenas dejaba ver el accidentado camino por el que se pasaba, hacía mucho frío y el viento silbaba al chocar con los espinosos matorrales.

De pronto una bola de fuego, en un vuelo rasante pasó frente a aquel hombre asustando al caballo quien comenzó a correr inquieto y tras pararse en sus cuartos traseros y soltar un fuerte relinchido acabó por tirar al hombre al suelo alejándose despavorido sin importante la suerte de su jinete. Asustado el joven campesino echó a correr por el sendero sin parar hasta que vio el resplandor del fuego que se detuvo entre los árboles.

El joven se quedó sorprendido observando aquel momento misterioso suceso y, venciendo un poco su temor, comenzó a acercarse al lugar donde la bola de fuego detuvo su loco vuelo.

Al ver que se trataba de una sensual y bella mujer, hipnotizado, se quedó parado frente a su belleza escuchando la hermosa voz que entonaba una dulce canción. Se acercó poco a poco a la mujer y cuando levantó la mano para palpar su hermoso rostro, la mujer se convirtió en serpiente huyendo hacia los matorrales.

En medio de la confusión sintió como una mano se posó sobre su hombro y en ese instante cayó desplomado al suelo. Cuando despertó se encontraba sentado en la punta de una gran roca, con la cara arañada y la ropa rasgada sin poderse explicar lo sucedido. Miró a su alrededor para darse cuenta de que se encontraba lejos del camino, confundid comenzó a caminar.

Caminó tanto que parecía que entre más lo hacía más se alejaba de aquel camino. Tras un  par de horas de intenso camino, se dio cuenta que estaba perdido, rendido cayó al suelo fatigado y cuando despertó apareció de nueva cuenta en la punta de aquella misma roca. Y se volvió a desmayar.

En el rancho se decía que el joven campesino había desaparecido sin dejar rastro algún. El caballo regresó solo y murió de hambre y sed, pues dicen que desde que regresó no quería probar nada ni lo podían mover del lugar donde se quedó. Los familiares del joven campesino desesperados lo buscaron por días, en todas partes, sin tener noticias de él.

Pasados 9 días de ansiosa y angustiante búsqueda, en la tarde del noveno día, al ocultarse el sol, el tío de aquel joven campesino regresaba de su trabajo y al pasar por un  potrero vio a lo lejos a un hombre sentado en la punta de la gran roca, creyó reconocerlo.

Al acercarse dio cuenta que se trataba de su sobrino que había desaparecido misteriosamente, lo llevó rápidamente a su casa sin poder explicar qué hacía en la punta de esa roca y en tan lamentables condiciones.

Se dice que aquel joven campesino fue víctima del maleficio de una bruja. Pues desde entonces jamás pudo decir lo que le había pasado ni dónde estuvo durante esos días que para él, sólo fueron una noche. Hay quienes aseguran que comunidades de Rancho Grande y las Malvas como bolas de fuego que brincan de pueblo en pueblo, en busca de un recién nacido sin bautizar para alimentarse, o consumir el vigor de algún descuidado y joven campesino.

Con suerte en una noche de luna si levantamos la mirada al cielo, es posible que miremos esas bolas de fuego que surcan los cielos de esta pequeña ciudad como si fueran aves nocturnas”.

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