Un fantasma en La Pradera de Irapuato (2da. parte de 3)

(continuación)

La primera voz que escuchó Luis detrás del auricular, lo emocionó tanto que entró en estado de shock. No pasaron más de diez segundos y la lluvia de mentadas y groserías no se hicieron esperar.

“Luis… ching… a tu mad..”

“Luis eres un pendej….”

“Luis, me la mam….”

Y así, una infinidad de mensajes que pusieron a Luis bastante nervioso.

“Este es nuestro chat, sal inmediatamente de aquí, cuélgale cabr…”

Sin embargo, algunas “niñas” se compadecieron del novato interlocutor.

“No les hagas caso Luis, quédate conmigo”

“Tienes una voz muy varonil papi, imagino que eres muy guapo”, decía otra.

Javier estaba que se orinaba de la risa sólo de ver la expresión de Luis. El joven principiante, apenas y alcanzó a colgar el auricular.

-¡Es cierto we, es cierto!, le decía a su amigo Javier.

– Ja, ja, ja reía a pierna suelta. “Te lo dije, te lo dije… no se te ocurrió otra cosa que decir tu verdadero nombre”. Te voy a dar un tip: Solamente se pueden conectar los que viven en ciertas colonias, las que ya descubrí son Los Eucaliptos, Las Rosas, Las Reynas. Comisión y … La Pradera.

– “Es cosa del diablo, mejor olvidémoslo”.

Pero una cosa fue la que le dijo a Javier y otra la que realmente revoloteaba en su imaginación. A pesar de la timidez de Luis, llego a su casa por donde vivía. No pongo la dirección exacta (para no herir sentimientos) pero les puedo asegurar que estaba a tan sólo unos pasos del paso a desnivel que esta por Ejército Nacional…. Muy, muy cerca se donde estaba una famosa fábrica de chocolates.

Enfrente, cruzando Ejército Nacional, había un teléfono público, de esos que aún utilizaban monedas. Luis tenía una moneda de un peso y no dudo en hacer su segunda llamada al número equivocado. Seguramente pensó… “Sigamos con el 6-6-6”.

Del otro lado comenzó la misma grabación… “El número que usted marco, no existe favor de consultar su directorio”.  Ese fue el inicio. Luis se volvió un master de master en el “chat de voz de los 80”. Conoció muchos amigos, muchas amigas… y él sabía que todos vivían por la zona.

Con el paso de los meses, el chat de voz (o la “Línea Maginot” como él la llamaba) se volvió un verdadero vicio… una obsesión…  Un modo diferente de no ser quien eres… y como el número era equivocado, el teléfono nunca se tragaba la moneda. Ese era el truco. Podía estar horas y horas y horas pegado al teléfono sin que se “cortara” la llamada.

Fingía su voz no sólo como el argentino Puppo, sino como niño, niña, chica, telefonista, varón, enojón, angelical. ¡¡¡Podía hacer mil voces!!!. A veces maullaba o ladraba. Sin embargo, terminaba diciendo que era Luis, su verdadero nombre, por lo que se ganó poco a poco el respeto de todos los usuarios de la hot line.

De tanta gente que conoció, había alguien especial: Nelly.

Tenía una voz tan dulce y delicada que sólo de escucharla Luis cimbraba en toda la extensión de la palabra. Se ponía muy “horny” a pesar de las miradas de los transeúntes, o de los que hacía fila para marcar por teléfono. A Luis no le importaba, Nelly era una chica virtual que cumplía con todas sus fantasías.  Nelly era la chica perfecta.

Cierto día, que Luis charlaba con Nelly, se les ocurrió una idea, luego de hablar durante más de cuatro horas, se dieron cuenta que estaban solos en su “sala de chat” o al menos eso parecía.

Nelly… pásame tu número, ya me fastidio la grabacioncita. ¡Porfaaaaaaaa!!!!!!.

Mejor pásame el tuyo, le contestó. Es que… te estoy hablando de un teléfono público. En serio.

¿¿En serio??. ¿¿Llevas parado cuatro horas en la calle pegado al teléfono?, le preguntó Nely.

Si, así es … por ti..  toda la vida.

Y así fue como Nelly se decidió a pasarle su número a Luis de manera “encriptada”, (por si las dudas, igual y alguien más había permanecido en silencio en la hot line).

“Fíjate que tengo cuatro hermanos, y seis mejores amigos. Pero dos de ellos son muy especiales. Uno porque los quiero mucho, y dos porque me encantan sus palabras. Los cuatro hermanos están estudiando dos en la secundaria y otros dos en la prepa…” y así continúo Nelly contando su “historia” mientras Luis no perdía detalle del número 462-112-2… hasta que reunió todos los dígitos completos.

Buenos Nelly, dijo a manera de despedida. Nos estamos hablando, gusto en saludarte y … colgó.  Apretó el botón de la devolución de monedas, la volvió a introducir y marcó el número… “el número acertado” diría él. Cuatro, seis, dos, uno, uno…

-¿Luis?

-¿Nelly?

Jajajajajaja, rieron ambos. ¡¡¡LO LOGRAMOS!!!!, lo logramos, adiós maldita grabación… hasta nunca… reían sin parar….

-¿En serio te llamas Luis?

Luis dudó un poco… ¡¡Claro que me llamo Luis… ¿a poco no te llamas Nelly?

-La verdad sí. Mucho gusto Luis… para ti seré Nelly toda la vida, la voz de tu conciencia.

(esta historia continuará)

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