Filosofía y Letras - Periódico Notus
Redacción12 septiembre, 2016

juangabriel

Imponer héroes nacionales
es  una forma de control
en las futuras generaciones“.
Abel Pérez Rojas

Noche y día hemos visto la saturación de la barra de programación de Televisa y TVAzteca, de estaciones de radio, de revistas y algunos periódicos, de los pormenores de la vida del Divo de Juárez, así como de sus canciones.

El tratamiento mediático a la muerte y funeral de Juan Gabriel nos ha permitido observar cómo se siembra en la idiosincrasia de los mexicanos el más reciente distractor nacional, pero también la creación de un nuevo “prócer”, disfrazado de “estrella” que, a la par de otros más, cubran el hueco que han dejado el culto a los héroes nacionales.

Está sumamente documentado cómo en México, en la primera mitad del siglo XX, para restar poder a la hegemonía clerical y pacificar nuestro país, los nacientes gobiernos civiles establecieron en México el culto a los héroes nacionales, a la luz de ello debe entenderse los niveles de cuasi santidad que alcanzaron figuras como Benito Juárez, Lázaro Cárdenas, Emiliano Zapata, sólo por mencionar algunos.

Lo que estamos viviendo en los años recientes es el intento por renovar otro culto paralelo al “oficial”, cuya piedra angular son “figuras de la cultura popular”, es así como debe entenderse la nueva ola de endiosamiento de personajes como: Chespirito, Joan Sebastian y Juan Gabriel, quienes vienen a sustituir a los desgastados y vetustos: Pedro Infante, Jorge Negrete, María Félix, entre otros.

Curioso, esta nueva generación de dicho culto está construida a partir de una generación de personajes creados al amparo de la televisión hegemónica que se niega a morir y que, por cierto, es pilar del sistema que usufructuó el otro culto, el de los héroes patrios.

En ese tenor el aporte y brillantez de Juan Gabriel, que debería circunscribirse ni más ni menos sólo a los ámbitos de sus méritos personales y del entretenimiento, se magnifica. Lo están “divinizando”.

No me mal interprete, la vida de Juan Gabriel nos merece respeto en todos los sentidos, su obra queda al gusto de la audiencia y el análisis musical de la misma de quienes conocen al respecto.

Lo que indigna a algunos –entre ellos yo- es que desde el pasado 28 de agosto, hemos visto el incubamiento de un culto a un hombre, que por muchos discos que haya vendido, nada aporta a la solución de nuestros problemas como país, ni a la expansión de nuestro pensamiento, aunque su biografía motive a algunos.

Por más que usted quiera no ha habido forma de que nos mantengamos al margen  de las clases “evangelizadoras” transmitidas por televisión: de “cómo un niño pobre puede llegar a ser una estrella”, de “cómo alguien puede levantarse ante la discriminación”, de “cómo una persona puede ser sencilla no obstante su riqueza económica” y así hasta el cansancio.

Para qué crear ídolos, ya que si queremos progresar de lo que se trata es de lo contrario, de luchar: “…contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los FANATISMOS y los prejuicios”, al menos así lo señala el tan olvidado artículo tercero constitucional.

Los verdaderos próceres –en cualquier latitud- han  desafiado al sistema, han expuesto su vida, han significado un rompimiento para el estado de cosas imperante, en otras palabras son una fractura a la opresión y encarnan el progreso de las libertades individuales y colectivas.

Seamos serios, Juan Gabriel dista muchísimo de ello, ensalzarlo como prócer nacional –aunque no se exprese esto al pie de la letra por los interesados-, es crear un héroe nacional de pacotilla, cuyos derechos de usufructo serán explotados por los mismos que lo crearon y ahora lo mitifican.

Bonita forma de incidir en la educación de nuestro pueblo sin necesidad de reformas educativas ni de oposición.

¿Qué le parece?

Redacción17 agosto, 2016
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malas-compañias

Cuídate de las malas compañías,
pero no abandones trabajar con otros”
Abel Pérez Rojas

De manera parcial se nos ha enseñado –y lo hemos asimilado como aseveración que no acepta matices- que: “más vale solo que mal acompañado”. Esto nos puede mantener al margen de experiencias en beneficio de nuestro desarrollo.

La afirmación encierra una verdad a medias: es bueno mantenerse alejado de las malas compañías, pero eso no implica que todo cuanto emprendamos y hagamos deba ser de forma solitaria.

Sobre todo esa sentencia viene a nuestra mente cuando hacemos algo colectivamente y surgen diferencias que derivan en problemas.

Nosotros mismos nos decimos una y otra vez: –¡por qué no atendí los consejos que me dijeron hasta el cansancio que mejor lo hiciera solo o que no hiciera eso que ahora ha provocado dolores de cabeza!

Pero algo muy interior nos convence de que no podemos quedarnos ni inactivos ni aislados.

Motivos hay muchos de por qué buscamos hacer proyectos con los demás, pero hay uno que predomina sobre el resto: la naturaleza social humana.

Esa naturaleza que en la medida en que la exploramos nos hace experimentar lo que implica ser humano y que propicia las condiciones para que, empezando por el lenguaje y siguiendo por la convivencia, consigamos extender nuestras redes neuronales a campos y profundidades que de otra manera no se hubieran alcanzado.

De forma simple podemos deducir que en sus inicios pensar sólo y nada más en uno puede anclarnos en posturas egoístas, pero abrirnos al “nosotros” puede darnos pie a experimentar el aprendizaje solidario, la fraternidad, la bondad y la empatía.

De ninguna manera debe confundirse lo que le vengo compartiendo con negar el valor de la soledad y de las exploraciones individuales, sobre todo cuando en otras ocasiones le he convidado que nadie puede aprender por otro y que el valor del aprendizaje significativo y trascendente sale a brote cuando cada quien da cuenta de lo que hace en las profundidades de su consciencia.

No. El detalle está en no negar el valor de lo que hacemos acompañados pese a que las cosas no salgan bien, o a la maldad y perversidad del otro o de los otros; porque cuando estemos tristes o decepcionados de que algo no va bien, debemos recordar todos aquellos logros y experiencias positivas que se consiguieron gracias a que tuvimos a alguien más junto a nosotros.

Yo matizaría la frase inicial provocadora de este artículo: Sí, “a veces solo es mejor que mal acompañado, pero aún las malas compañías nos dan la oportunidad de aprender y hacer lo que de otra manera no se hubiera dado, porque el valor del nosotros es complementario a los créditos del yo”.

Así que gran parte de nuestra formación debemos encauzarla en lograr los aprendizajes necesarios para aprender a convivir con el otro, a identificar los daños y perjuicios que los demás puedan ocasionarnos, y a descubrir las estrategias que nos hagan sacar lo mejor de cada quien y de nosotros mismos.

Cuídese de las malas compañías, pero no abandone la voluntad de desarrollar y contribuir en acciones colectivas.

¿Se atreve?

Redacción3 agosto, 2016

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“¿Será necesario esperar hasta la muerte
para darse cuenta de lo inútil que son varias de las posturas
mentales y emocionales que asumimos como nuestras?”
Abel Pérez Rojas

En México “morir en la raya” es un dicho que se usa para exaltar la valentía de alguien que muestra arrojo por sobre todas las cosas, sin volverse atrás.

Aunque metafóricamente nos referimos con esa frase a la muerte, también se usa literalmente cuando alguien en el lecho final se muestra con arrojo, con coraje y hasta con osadía.

A propósito de lo anterior le comparto las siguientes líneas tomadas del sitio web de la Academia Mexicana de la Lengua, a su vez atribuidas a Pérez Martínez, Herón. (consultado 20160731) Refranero Mexicano. Recuperable  en: http://goo.gl/KgIw62

Morir en la raya es una expresión traída de las peleas de gallos que significa morir valientemente. Morir en la raya tiene, además, el sentido de morir el día que el destino le ha fijado a alguien. A ello se refiere el refrán; con el mismo sentido paremiológico se dice: “hay quien se salve del rayo, pero no hay quien se salve de la raya”. Tiene la forma de una exclamación expresiva.

En las breves, pero claras líneas de Herón Pérez no sólo se esclarece el sentido de la frase, también se presenta el contexto del cual emerge: las peleas de gallos.

Entre sangre animal –y muy frecuentemente también humana-, alcohol, dinero y machismo se acuña “morir en la raya”, esa raya de cal que demarca la pista central del palenque y parte el terreno de cada uno de las aves entrenadas para matar y para morir.

Cuando decimos que alguien muere en la raya evocamos ese drama de vísceras, plumas y… machismo. El machismo de los galleros.

Le comparto todo lo anterior para justificar la acertada intuición de vincular la reciente muerte de mi padre con lo que significa dejar la piel y la vida en el redondel.

Mi padre, Jesús Pérez Flores, fue un hombre cuya vida fue como la de muchos de su generación: nacido en un hogar disuelto, ausente del cariño materno que nos cobija en la infancia, casi nula preparación formal y alcoholismo. Su machismo fue la concha protectora que le hizo sobreponerse a las adversidades, muchas de ellas generadas por él mismo y por su cerrazón a mostrar su lado humano.

En ese caparazón en el que se enclaustran quienes temen amar y ser amados, es el único reducto día con día… ahí no hay momentos para perdonar ni para dialogar, ni mucho menos para sanar las heridas absorbidas una tras otra en la infancia.

Y así se le fue la vida hasta agotarla: refugiado en sus recuerdos, y en centrar el valor de su hombría en tener a su lado a una segunda esposa más joven que él, aturdirse así para no tener que enfrentar la dura realidad de tomar consciencia de la vida, del quién soy, para dónde voy y por qué estoy aquí.

Pero cuando los días finales llegaron y el tiempo lo puso contra la pared, se guareció en su última trinchera, su hombría limitadamente entendida, porque sólo le quedaba abrirse al amor que siempre le rodeó y reconocer el tiempo perdido.

Aún un día antes de morir se le vio luchando en la raya, con ese carácter fuerte que caracteriza a los oaxaqueños de antaño.

Me queda claro que Jesús “se murió en la raya”, pero después de ver su rostro sereno de cadáver recién parido, nos queda la esperanza de que al cruzar la línea entre la vida y la muerte sus armaduras oxidadas cayeron y se abrió a algo de lo cual se privó injustamente en vida.

¿Será necesario esperar hasta la muerte para darse cuenta de lo inútil que son las posturas mentales y emocionales que asumimos como nuestras, el machismo que suele defenderse hasta el último momento?

Jesús, mi padre, murió en la raya, pero ¿nosotros cómo cruzaremos el umbral de la muerte?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es doctor en Educación Permanente. Dirige: Sabersinfin.com.

Redacción13 julio, 2016
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Columnistas Abel 660 x 330

“¿Hay salidas viables y pacíficas ante
la avaricia sin límites y la perversidad inimaginable
de nuestros gobernantes?”
Abel Pérez Rojas

¿Está usted de acuerdo que hoy día los gobiernos (en cualquier nivel) que anteponen el servicio y los intereses del pueblo sobre los intereses propios, de élite y de partido son una verdadera excepción?

Suena escandaloso que haya una abrumadora mayoría  que no encaja en esa imagen idealizada.

La miseria humana de los gobernantes, caracterizada por la avaricia sin límites y la perversidad inimaginable, está llevando al hartazgo en todas partes, y los pueblos empiezan a levantarse.

En algunas sociedades, debido a su contexto cultural, aún existe el honor, y cuando no hay forma de ocultar la incapacidad, los errores o los actos de corrupción, los gobernantes, inclusive los presidentes nacionales o los primeros ministros, renuncian a sus cargos como última salida decorosa.

Casos hay muchos.

Por ejemplo, hace un par de meses Sigmundur Gunnlaugsson renunció como primer ministro de Islandia tras ventilarse en los Panamá Papers que su nombre apareció como accionista de una sociedad offshore junto a su esposa.

Aún más reciente es el caso de David Cameron, primer ministro británico, quien ante el triunfo del Brexit anunció su renuncia y que en octubre entregará el poder a quien se decida que tenga las cualidades idóneas para guiar a aquel país por una ruta que no se ve nada fácil.

Pero ¿Qué hacer en los lugares donde los funcionarios son tan sinvergüenzas que, no obstante su evidente corrupción e incapacidad, se aferran al poder, consumando con el paso de las décadas dictaduras llamadas “perfectas”, que permanecen intactas sin importar la alternancia partidista?

Pregunta nada fácil de responder cuando se parte de la triste realidad donde la corrupción, la apatía, la ignorancia y la delincuencia ha echado raíces en nuestra sociedad, y ha permeado de tal manera que de una forma u otra todos somos parte de ellas.

En ese fango tan real fue engendrada la más reciente novela de mi amigo Joe Barcala (2016) Plan para Derrocar al Presidente. México: Koller Scrite Ediciones.

En una reciente entrevista para Sabersinfin.com (goo.gl/71UKN6), Joe me dice que en la novela en ningún momento se habla de México, pero que es imposible que el lector no saque conclusiones que le lleven a entender muchos de los sucesos de nuestra historia nacional reciente, “creo que la novela es oportuna porque el 2018 está a la vuelta de la esquina y desde el ámbito de la literatura podemos contribuir a entender todo lo que veremos en los próximos años”.

Me siento honrado de ser uno de los primeros en tener el meticuloso trabajo de Joe. Y créame que no exagero en decirle que esta publicación, además de que será un éxito de ventas, con el paso del tiempo se convertirá en una lectura indispensable para políticos, estudiantes universitarios, y por ende de las mentes inquietas que no les satisfacen las explicaciones ramplonas oficialistas.

Si lee la novela de Barcala, encontrará en las peripecias y diálogos de Jacinto Tomas Viveros –personaje central de Plan para Derrocar al Presidente- no sólo un retrato de lo que estamos viviendo en lo social y político, también hallará acción, suspenso, amor y por supuesto respuestas a algunas de las inquietudes que le he compartido líneas arriba.

¡Felicidades por tu novela, Joe!

Redacción28 junio, 2016
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Columnistas Abel 660 x 330
“Quien apuesta a administrar cenizas,
está más retorcido que quien provocó el incendio”.
Abel Pérez Rojas

Coincido plenamente con la afirmación que sostiene muy claramente que “con la violencia no se juega”, en verdad que es cosa seria, tan seria que lo que está de por medio es la vida, la libertad y la seguridad de poco más de 120 millones en México.

En las últimas semanas los hechos violentos se han acrecentado vertiginosamente desde el norte hasta al sur y pese a la política mediática de no difundir con su crudeza las noticias sangrientas, la realidad nos estampa de que estamos viviendo momentos inéditos en los cuales el asombro dio de sí y cada día rebasa al anterior.

En ese contexto es oportuno decir una y otra vez que no se vale jugar con la violencia, sobre todo cuando hay por todos lados reguero de combustible que puede desatar los ánimos a un estado incontrolable.

Los muertos en Nochixtlán, Oaxaca, las marchas nacionales de protesta que han surgido con motivo del movimiento magisterial ante la mal llamada “reforma educativa” o la de los médicos en contra de las condiciones deplorables del sistema nacional de salud, los hechos delictivos vinculados con el conocido como “crimen organizado” que a veces deja montoneras de muertos y otras veces también, el recorte presupuestal en materia social, entre otras, son sólo algunas de las mechas en espera de combustión.

¿No es acaso jugar con la violencia el hecho de cerrarse al diálogo?

¿No es irresponsable iniciar una gira al exterior en plena agitación social?

¿No es tomar a la ligera la unanimidad de hartazgo y arrancar precampañas electorales en el 2016 pese a que el próximo proceso electoral es en el 2018?

¿No es jugar con la violencia y apostarle a que el país se incendie para erigirse como el gran pacificador que el país necesita?

O peor aún ¿Será que en el fondo no les importe a los dueños del poder cómo quede el país en esta administración federal, porque gane quien gane en la siguiente de todas maneras ellos continuarán ejerciendo el poder real?

Lo que nos debe quedar claro es la irresponsabilidad con la cual por todos lados se está abonando la situación actual.

Revisemos con detenimiento lo que le vengo diciendo y verá que hasta ahora han ido ganando el control las voces extremas de uno y otro lado: los extremos de los extremos, aquellas en las cuales no hay cabida a posturas medias, ni a soluciones alternas.

Si partimos del acuerdo de que la violencia a nadie –en su sano juicio- conviene, entonces podemos empezar a vislumbrar y a exigir salidas alternas a lo que estamos viviendo.

Pero todos tenemos que ceder un poco a nuestras posturas, a nuestros intereses mezquinos; no podemos desear administrar los escombros, aunque estas cenizas representen millones y millones de pesos.

No debemos tomar el malestar y la indignación a la ligera.

No se vale jugar con la violencia.

Redacción22 junio, 2016
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Columnistas Abel 660 x 330

“Hay que liberarse de todo equipaje extra,
aún de aquellas expectativas nobles
que no nos pertenecen”.
Abel Pérez Rojas

Vemos como normal que al vivir en sociedad influyamos con nuestras opiniones a quienes nos rodean y a su vez seamos influidos por la convivencia con los demás.

Lo cierto es que cuando los pensamientos de otros suplantan los nuestros y los asumimos como propios, depositamos parte de nuestra vida en manos ajenas, esto coarta nuestra libertad, nuestra independencia y en consecuencia nuestro progreso.

Darse cuenta de lo que verdaderamente nosotros esperamos y deseamos para nosotros mismos es parte del proceso de liberación que debemos encarar tarde o temprano.

Lo que otros esperan de nosotros es un bagaje que llevamos a cuestas, es el paso del tiempo, tal vez el amor o el miedo, lo que provoca que confundidos asumamos como propio lo que en realidad proviene de las mentes y de los corazones de otros, que puede estar animado por un noble fin o por intereses mezquinos.

De alguna manera la otredad nos influye, y así moldeamos nuestra vida a través de lo que opinan y prevén quienes nos rodean, y como esto inicia con los padres, en general lo asumimos que eso contribuye a nuestro progreso.

El punto problemático del asunto radica cuando las opiniones de los demás toman el control de nuestras decisiones y con ello sustituyen en mayor o menor medida nuestros pensamientos, así dejamos de ser quienes verdaderamente somos para tratar de adaptarnos mal a un derrotero ya marcado.

Por supuesto todo lo anterior puede pasar inadvertido, y va generando trabas inconscientes que con el paso del tiempo requieren de esfuerzos adicionales para salir adelante.

Es preciso no perder tiempo y empezar a la brevedad con un recuento de lo que pensamos y de lo que creemos.

Sería conveniente  remontarnos a través del tiempo, revisar la historia personal y familiar para entender cómo generamos paradigmas de pensamiento construidas por las expectativas de los otros hacia nosotros.

Un ejemplo común es cuando los jóvenes tratan de complacer a sus padres, y deciden estudiar determinada carrera profesional para continuar con la tradición familiar o para no dejar morir la actividad comercial que ya es un patrimonio familiar, pero sin ninguna vocación, otros lo hacen por seguir al amor de su vida de cerca.

Caro es el costo que se paga en esos casos, porque a veces sólo hasta después de algunos años podemos enmendar las decisiones que tomamos por debilidad o enamoramiento temporal.

Nuestras capacidades y potencial sólo lo podemos desarrollar nosotros mismos, de acuerdo con nuestros intereses, eso permite que, como dice el viejo adagio: un olmo sea un olmo, y no le estemos pidiendo peras.

Se trata del valor de moldear y dirigir nuestra existencia de acuerdo a lo que vamos descubriendo y comprendiendo a lo largo de nuestra vida, entonces ¿por qué no tomar el cabal control de ella y dejar de responder a lo que otros quieren para nosotros?

Cada minuto viviendo lo que otros diseñaron y decidieron para nosotros es tiempo perdido. Librémonos de las expectativas de otros y créame que con ello haremos más ligero nuestro andar.

Redacción15 junio, 2016
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Columnistas Abel 660 x 330

“En efecto, la vida sigue igual.
Tarde o temprano estaremos
en el momento que no tiene retorno,
y ahí repetiremos el  drama
que completa el círculo de la vida,
y se perfecciona con la muerte”.
Abel Pérez Rojas

Y llegado el momento ahí estaremos tumbados en el lecho con los años encima y esperando la muerte.

Si somos afortunados, estaremos rodeados de quienes nos aman y quienes amamos.

Pero pese a la compañía nos encontraremos solos, en esa etapa individual, intransferible e ineludible desenlace del recuento de lo que hemos vivido y por consecuencia de lo que somos.

Nuestros ojos mirarán y querrán decir lo que tal vez nuestro aliento no tenga la suficiente fuerza para emitir las palabras que emerjan de nuestro corazón.

Estaremos recibiendo despedidas y bendiciones sabiendo que ahora sí tenemos la certeza de que se tratarán de los últimos intercambios en vida.

¿Tendremos la suficiente lucidez para preguntarnos cómo fue que llegamos a este estado sin antes haber concienciado que debimos de haber vivido con la alegría suficiente para afrontar con entereza este proceso?

Afortunados serán quienes se pregunten: ¿Son estas reacciones motor suficiente para vivir el día a día de manera diferente? ¿Podemos aprender significativamente siquiera un poco del proceso de partida de otros?

Las ideas llegan a mi mente  mientras sigo viviendo el transcurso de partida de mi padre, el cual se ha prolongado una semana más.

Mientras nuestros palpitares se sincronizan, afirmo la certeza de la célebre canción: “Unos que nacen otros morirán, unos que ríen otros llorarán… la vida sigue igual”

Le tomo las manos y ratifico que ya sólo queda en el recuerdo el hombre recio de antaño, ahora pareciera ser un poco de bruma a punto de desvanecerse.

De esta manera, quienes nos quedamos veremos la partida de nuestros seres queridos, con su despedida vivimos nuestro propio encuentro con la muerte, aunque en los zapatos del otro, así vamos acercándonos poco a poco a nuestro fin.

Esta experiencia bien podría contribuir a que nuestra vida cobre un sentido distinto, que nuestra existencia contribuya al progreso de otros y de nuestro entorno.

Me queda claro que nunca aprendemos lo suficiente tratándose del proceso del otro, pero sí podemos aprender más si tomamos conciencia.

Es cierto que el proceso es único, ineludible e intransferible, pero también es cierto que si desde ahora nuestra existencia se convierte en una serie de fenómenos conscientes, entonces, llegado el momento, no nos sorprenderá el misterio de la transición a la muerte.

¡A la par de su maravilloso accionar, es tan frágil la maquinaria que anima nuestro cuerpo!

La vida sigue igual, sólo nuestra profunda búsqueda puede hacer de la existencia –con la vida y con la muerte- una experiencia altamente nutritiva. ¿O no, querido lector?

Redacción25 mayo, 2016
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Columnistas Abel 660 x 330

Zancada a zancada
se fortalece la fraternidad
de quienes aman correr”.
Abel Pérez Rojas

Compartir la experiencia –aunque sea temporal- de vencer ciertas adversidades y de encontrar la fortaleza en momentos de flaqueza, son puntos de encuentro sobre los que se cimienta la conformación de una fraternidad.

Esto lo saben quienes profesan amor a correr atléticamente, y la transformación que esto provoca cuando se hace con asiduidad y sin el propósito central de la obtención de premios.

En simples palabras y en una connotación directa, los lazos de amistad, compañerismo y empatía provocan que surja ese sentimiento de hermandad que no se limita a una distancia ni al tiempo de tránsito de ese trayecto.

Se extiende y prolonga porque unos y otros saben que cuando alguien decide practicar este deporte, se asume un código de ética que podría reducirse en un principio básico: no corres contra el otro, corres para vencer tus limitaciones y para descubrirte en cada zancada.

Recapitulo sobre todo esto mientras tengo fresca la imagen de mi participación el pasado fin de semana en una competencia (9ª Simicarrera Atlética 10K Puebla), o mejor dicho, en una convivencia deportiva, de 10 kilómetros por algunas calles del centro histórico de la ciudad de Puebla y en gran parte del  cerro de Acueyametepec, hospitalario de los fuertes de Loreto y Guadalupe, sede de lo que fue la batalla del 5 de mayo de 1862.

En el trayecto de esta competencia y ya muy cerca de la meta, específicamente en el kilómetro nueve, sufrí una caída. Por el cansancio estuve a punto de quedarme unos minutos tirado, pero dos segundos después una mano anónima me tomó de la diestra, me preguntó si estaba bien y me dio un mensaje de ánimo para que concluyera la ruta.

Me levanté. Troté despacio, mientras quien me ayudó se alejaba corriendo. Me repuse, tomé aire y unos cuantos metros antes de cruzar la meta le di alcance a mi amigo anónimo, pero no quise rebasarle y opté por cruzar la meta junto a él.

Unos cuantos metros después de cruzar la línea de llegada nos fundimos en un abrazo, le di las gracias por su ayuda y cada quien se perdió entre la multitud de participantes.

Así es la fraternidad que se establece entre quienes emprenden juntos una carrera.

A veces es con palabras de ánimo, otras veces con primeros auxilios o simplemente sabiendo que el otro –aunque desde su muy íntima experiencia- de alguna manera también está viviendo en su propio calzado la maravilla de descubrirse, literalmente: paso a paso.

Todo este mundo, del cual le platico, no es exclusivo de los corredores o de cualquier otra persona que lleva su práctica al ámbito iniciático, porque cualquiera lo puede experimentar si se da la oportunidad de vivirla y de transformarse con ello.

Por eso vale la pena que si usted se encuentra sumergido en la comodidad se atreva a salir de ahí y vaya a la búsqueda de lo que aquí le he platicado.

¿Se atreve usted a sumarse a las filas de quienes se hermanan corriendo?

Redacción16 mayo, 2016
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“Que sea tal nuestra búsqueda del bien
que hasta las piedras se vean contagiadas
por nuestra firmeza”.
Abel Pérez Rojas

Hace algún tiempo le hablé de los ciclos  bondadosos en la vida diaria, aquellos que se generan cuando hacemos uno o muchos actos fraternos a favor de quienes se cruzan por nuestro paso, aún sin haberles visto antes.

Esto cumple con una fuerza de retorno cuando recibimos gestos de solidaridad y apoyo de quienes no nos conocen. Así es como se generan relaciones de reciprocidad; sinergias en la satisfacción de hacer y recibir el bien.

De alguna manera, es una relación de conveniencia y esperanza: hago el bien por la satisfacción que me ocasiona ello y por la posibilidad de contagiar a otros en ese sentido. También se trata de confiar en la humanidad.

No se confundan mis palabras, no es una cuestión de tonta inocencia. Es una óptica que asume que el hombre en ese ejercicio del libre albedrío puede optar por múltiples caminos y, sin embargo, decide apostar por el progreso de la humanidad.

En esta dirección viene a mi mente una frase del ilustre Miguel de Cervantes Saavedra: Aún entre los demonios hay unos peores que otros, y entre muchos malos hombres suele haber alguno bueno.

Es decir, por supuesto que no se puede negar que quienes optan por el mal lo hacen porque están envueltos en una serie de complejas motivaciones y causas. Inclusive hay quien ocasiona algún daño por el placer y la satisfacción que ello le ocasiona.

Pero aún en las situaciones extremadamente violentas se han encontrado individuos que en el momento preciso han optado por la vida, por el progreso y por las vías pacíficas.

De alguna manera esto también nos debe motivar a seguir adelante: en todos lados hay personas que están tratando de hacer el bien y es con ellos con quienes pretendemos establecer lazos de cooperación.

Cedemos terreno a quienes están dispuestos a realizar lo que sea con tal de imponer su egoísmo y ambición, si renunciamos a ir a la búsqueda de quienes también están librando su propia batalla por el bien, como ocurre muchísimas veces.

Al menos un acto de bondad todos los días –retomando las palabras de mi estimado amigo Salvador Calva- no es sólo una cuestión que se agota en sí o en el bien ocasionado al otro; es un llamado al reencuentro en la fraternidad de quienes están convencidos de que este mundo puede ser un lugar mejor si logramos la comprensión entre unos y otros.

Es necesario que empecemos nuestros actos de bondad diarios, desde cualquier ámbito, desde cualquier latitud, desde cualquier escenario adverso, porque de esta manera estaremos propiciando un mundo mejor y el reencuentro de quienes también lo están haciendo y podrán hacerlo mejor si se encuentran con otros, con nosotros, con usted y conmigo.

¿Iniciamos?

Redacción26 abril, 2016
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“Es perversión tomar
como entretenimiento la vejación ajena”.
Abel Pérez Rojas

Desde hace algunos años han surgido en Internet formatos que fundan su éxito a costa de la vejación contra la dignidad e  integridad de las personas. Pareciera que estamos tan necesitados de ganar popularidad y dinero, que es válida cualquier vía para conseguirlo.

Por fortuna, personas como Emmanuel Arriero promovió la petición en change.org denominada “Den de baja el canal del Rey Grupero en Youtube” que suma ya unas 25 mil firmas al momento de escribir estas líneas.

Viene a mi mente lo anterior haciendo cuenta de que no es un hecho aislado, hace poco hemos conocido de la agresión sexual a la periodista Andrea Noel, quien el pasado 8 de marzo denunció en su cuenta de Twitter que un sujeto le había levantado el vestido y bajado su ropa interior.

El caso de Andrea se volvió viral en muy corto tiempo, y tomó matices insospechados como la andanada de amenazas e insultos de las cuales fue objeto ella  en redes sociales.

Ahora, en el episodio más reciente, Andrea ha continuado con el trámite de su denuncia y se encuentra en la parte de investigación para determinar si alguien de la producción de un programa  que se transmite en Youtube, – cuyo personaje central es el llamado Rey Grupero– dedicado a realizar bromas a los transeúntes, está implicado en la agresión que sufrió.

Para su conocimiento le comento que entre las bromas de Rey Grupero y su equipo, pueden verse untadas de excremento de perro, rocío de espuma, bajada de pantalones, mojadas sorpresa y besos a la fuerza.

En ese contexto surgió la petición de Emmanuel Arriero de solicitar el apoyo de la comunidad para que el gigante de videos proceda a cancelar el canal de Rey Grupero.

En el documento inicial de su petición, Arriero nos da luz para reflexionar y pronunciarnos en torno a quienes hacen dinero a cualquier costa en la industria del entretenimiento.

Puntual, dice Emmanuel:

“El público mexicano merece humor de mayor calidad. La humillación y la agresión no pueden ser fuente de risa y entretenimiento en un país como México que vive sumido en la violencia. No se debe permitir que este personaje le falte al respeto a la gente en aras de un like.

“Existen muchas maneras de entretenerse sin provocar la desgracia ajena y por eso pedimos que se den de baja definitivamente el canal del Rey Grupero en Youtube, y conseguir que no se siga fomentando el abuso entre los ciudadanos”.

Emmanuel es certero al hacer visible que como sociedad debemos pronunciarnos contra las agresiones como vía de entretenimiento.

Yo agrego que debemos pugnar por el respeto, al margen de que hubiera quien adujese a favor de Rey Grupero la libertad de expresión y la libertad de contenidos en Internet, aunque a mí en el fondo me parece que es todo lo contrario

Ante los intentos en todo el orbe por limitar esa libertad de expresión en Internet, somos todos y en este caso Youtube, quienes no podemos aceptar las agresiones y faltas de respeto a la integridad de cualquier persona, cuyo único error es toparse con quien esté dispuesto a jugarle una broma que podría terminar en desgracia –no se le olvide, por ejemplo, las víctimas innumerables de prácticas parecidas y deleznables como el knockout-.

Independientemente del cauce legal que tomen las acciones penales emprendidas por Andrea Noel -las cuales, por supuesto, no deben quedar en impunidad, ni olvidarse de que hay muchísimas mujeres que a diario son humilladas, como lo fue ella-, no podemos tolerar contenidos que abusen del público, trátese en este caso del Rey Grupero o de los cientos, tal vez miles de personajes que andan en busca de la fama y fortuna a cualquier costo.

¿Y usted ya firmó la petición de Emmanuel Arriero?

Redacción13 abril, 2016
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Columnistas Abel 660 x 330

“Sé libre colibrí,
porque en ti vive la voz de nuestros ancestros”.
Abel Pérez Rojas

La custodia del saber ancestral –ese que nos heredaron nuestros abuelos de sus abuelos y a su vez ellos de sus antepasados- es tarea de quien la asume como propia.

Podemos reconocer allí la fuente de nuestra identidad, para tener un punto de apoyo en medio de la oscuridad angustiante, aquella que provoca la vacuidad del “desarrollo” posmoderno y la orientación ecocida de éste.

Quien hace suya la defensa y conservación de esa vetusta sabiduría se convierte por decisión propia, por herencia o porque no hay quién más, en guardián del saber ancestral.

Los guardianes del saber son la última línea de defensa y protección de esas enseñanzas que están en peligro de desaparecer y que si se llegan a perder, entonces habría un empobrecimiento cultural y evidentemente humano de proporciones incalculables, dice la UNESCO.

Ésta, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura ha advertido que de seguir las cosas como van, la mitad de los seis mil idiomas hablados actualmente podrían desaparecer a finales de este siglo, por ejemplo.

Es en ese contexto que debe entenderse la labor de un guardián más del saber ancestral llamado  Colibrí. Publicación en Lenguas Originarias, que fundó y dirige el brillante Gerardo Pérez Muñoz.

Colibrí es un esfuerzo colectivo que ha dado origen a una serie de espacios y encuentros vivos, a una publicación impresa y digital quincenal, y en algunos periodos también a una propuesta radiofónica por Internet que alguna vez cobijamos en Sabersinfin.com.

“Después de todo este tiempo hay que estar medio loco para emprender y sostener el vuelo de Colibrí”,  me dice un sereno Pérez Muñoz en una reciente entrevista (goo.gl/tWvVxc) para mi programa de radio.

No es para menos, el próximo junio Colibrí cumplirá ocho años de vida y parecen muy distantes aquellos días de 2008.

Para que tenga una dimensión del aporte de Colibrí, le comento que a la fecha se ha publicado obra (poemas, cuentos, artículos, etc.) en casi cincuenta lenguas originarias, tanto de México como del mundo, principalmente de Indoamérica, por ejemplo en el más reciente número -el 122- se incluye un poema de compañeros mapuches.

Actualmente Colibrí aparece encartado en el periódico poblano 24 Horas, pero ese es sólo el más reciente de sus refugios,  pues ha sido cobijado por varios rotativos de Puebla a lo largo de sus ediciones.

Aunque durante la entrevista, Pérez Muñoz rechaza que él se haya convertido en un guardián del saber ancestral, porque dice: “sólo ha hecho lo que cualquiera haría en su situación”, me permito diferir de él y amplío ese mismo calificativo para quienes dan vida al Consejo Editorial de la publicación que actualmente está conformado por: Patricia Celerina Sánchez, René Esteban Trinidad, Manuel Espinoza, Juan A. Ariza Román (Colombia). Por supuesto también incluyo a la directora Tatiana Méndez Bernaldez  y a Tatiana Bernaldez, responsable de diseño gráfico.

Colibrí no sólo es un altavoz para que el corazón de quienes pertenecen a algún pueblo originario se pueda escuchar en más lugares, es un corazón en sí; es un guardián colectivo del saber ancestral.

No sólo hago votos para que la labor de Colibrí continúe, sino para que conforme transcurran los días cobre más vida y se fortalezca generacionalmente, porque su causa es la causa de todos. ¿O no, querido lector?

Redacción5 abril, 2016
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Columnistas Abel 660 x 330

“Siempre hay que correr riesgos,
aún a costa de nuestra comodidad ”.
Abel Pérez Rojas

Recientemente la “cara triste” en una entrevista del actor Ben Affleck se volvió un contenido viral debido al tsunami de críticas en contra de la película Batman v Superman, entre otros señalamientos, por la inclusión en el filme del actor californiano.

Esto que a simple vista es una nota más de la farándula -totalmente ajena a quienes somos profanos al profuso universo del cómic- dota de varios elementos para quienes gustamos de tomar pasajes de la vida cotidiana y llevarlos a ámbitos que nos permitan reflexionar y aprender de la experiencia humana.

Para cualquier actor  significaba un reto mayúsculo interpretar a Batman, si tomamos en cuenta el éxito de las últimas entregas del superhéroe enmascarado.

Fue tal el posicionamiento alcanzado por las películas del Hombre Murciélago que la audiencia casó la imagen del superhéroe con la del actor Christian Bale.

Por eso, cuando se anunció que sería Affleck quien representaría al defensor de Ciudad Gótica en la batalla contra Superman, fue tal la respuesta que hasta se abrió una petición en change.org (https://goo.gl/XNEsXG) la cual alcanzó 97,640 firmantes.

La carrera de Affleck como director y actor hasta antes de la filmación de Batman v Superman, venía precedida de éxito, al haber sido el actor principal de la película Argo (2012) que también estuvo bajo su dirección.

Con Argo, Affleck obtuvo un Óscar por Mejor Película, 2 Globos de Oro, 2 Premios BAFTA y el premio de Mejor Director del Sindicato de Directores entre otros reconocimientos.

Los premios por Argo demostraron que no fue casualidad aquél premio Óscar de 1998 compartido con Matt Damon en la categoría de Mejor guión original.

Después de esos y otros premios, después de su prometedora carrera como director de cine y su cotización cada vez mayor como actor, ¿valía la pena correr el riesgo de interpretar a Batman en un escenario totalmente adverso y sólo prometedor en el ámbito económico?

¿De qué manera el pasaje que está viviendo Affleck se relaciona con usted y conmigo?

A mi parecer la decisión de correr riesgos, de asumir entornos adversos no es exclusividad de las figuras públicas, alejada de nosotros, el drama humano se repite en pobres, ricos, chicos y grandes siempre que asumimos riesgos.

A veces acertamos y a veces nos equivocamos, pero lo importante está en asumir los riesgos con todas sus consecuencias, esa es la parte rescatable del riesgo que corrió Affleck.

Podríamos decir “se equivocó en el aspecto fílmico, y lo sabe”, por otro lado el alud de críticas al filme contrasta con el beneficio  económico que le representará la posibilidad de financiar nuevos proyectos como Argos y como tantos otros éxitos que ya conquistó.

Más que la pérdida o la ganancia material, lo importante es estar dispuesto a pagar las consecuencias de asentir al desafío, asumir el valor de realizar tareas desventajosas con muchos puntos negativos es la ocasión para confrontarte a ti mismo, aunque a veces parte de ese pago es una cara triste.

¿Está usted de acuerdo?

Esaú González29 marzo, 2016
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Columnistas Abel 660 x 330

“Sólo tú,

y nadie más que tú puede vivir por ti,

nadie puede aprender por ti…

por eso nadie puede detonar

tu verdadero potencial”.

Abel Pérez Rojas

 

“La tarea que debemos establecer para nosotros mismos no es estar seguros, sino ser capaces de tolerar la inseguridad”, sugería Erich Fromm, el psicólogo sabía, como usted y como yo, que la inseguridad emocional, esa sensación que es una mezcla de nerviosismo, temor, y falta de confianza en las capacidades propias y en las de los demás, que sufren inclusive las personas destacadas.

De manera errónea se cree que las personas célebres no experimentan ese cuadro de incertidumbre sobre sí mismo que tanto daño hace, pero no es así.

Saber y entender el sentimiento de minusvalía es una experiencia emocional que se presenta independientemente de grandes aciertos y triunfos de cada persona, nos permite quitar un primer velo, que orilla a comprender que aunque puedan contarse muchos aciertos no desaparecerá con el tiempo la inseguridad.

En realidad el momento oportuno para afrontar su inseguridad, es aquel en el cual usted decide dejar el silencio de esa situación y va en búsqueda de ayuda que le permita tomar cabal consciencia de su situación y los estados de bienestar que merece vivir.

En una reciente entrevista para Helden TV, Luis Alberto Suárez Díaz, el astro uruguayo de futbol mejor conocido simplemente como Luis Suárez, confesó que: “Pensaba que no tenía calidad para jugar en el Barça”.

En la entrevista Luis Suárez dice que el club Barcelona fue el equipo de sus sueños y que siendo un conjunto de estrellas creyó que él no tenía la capacidad para encajar en un  cuadro así.

Por supuesto la opinión y estado emocional de Suárez ha cambiado, y hoy difícilmente habrá quien opine que el charrúa está fuera de lugar en el conjunto blaugrana después de alrededor de 70 goles en dos temporadas.

Como en el caso de Luis Suárez, quizá más de una vez nosotros hemos sido incapaces de ver los reales alcances que tenemos con nuestras capacidades. Alcanzar lo que soñamos y nos propusimos es sólo cuestión de aventurarse sin pensar en el fracaso.

Como puede ver, querido lector, las dudas que dominan nuestro pensamiento son una distorsión de la realidad, y para ser superadas debemos aferrarnos a un propósito de triunfo definido y actuar.

Así que si usted padece cierta inseguridad, tenga presente el testimonio de Luis Suárez, que aunado al de Shakira, Beyoncé o Enrique Iglesias, sólo por citar algunos nombres, nos recuerda que la inseguridad puede ser vencida una vez que nos atrevemos y nuestros logros paulatinos nos demuestran los alcances de nuestro potencial. ¿Se atreve?

Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es doctor en Educación Permanente. Dirige: Sabersinfin.com.

 

Redacción18 marzo, 2016
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ABEL PEREZ ROJAS TEHUACANERO DISTINGUIDO

En el marco de la ceremonia conmemorativa por el  CCCLVI aniversario  de la elevación de Tehuacán a la categoría de ciudad, Abel Pérez Rojas, colaborador de esta casa editorial, recibió ayer de parte del H. Ayuntamiento de Tehuacán,  el nombramiento de Tehuacanero Distinguido.

Con el fin de motivar a las futuras generaciones y reconocer los valores de los tehuacaneros, que por su labor social, en las artes o en la ciencia, el H. Ayuntamiento de aquella ciudad en Sesión Solemne de Cabildo decidió en días pasados otorgar un reconocimiento especial a Abel Pérez Rojas por su aporte universal a la cultura a través de medios digitales e impresos.

El reconocimiento fue entregado por Ernestina Fernández Méndez, presidenta municipal, en el marco de la ceremonia inaugural del Festival Internacional de Tehuacán.

Abel Pérez Rojas es poeta, comunicador y educador permanente; fundó desde el 2006 el portal cultual Sabersinfin.com, del cual actualmente es su director general.

Pérez Rojas es autor de los poemarios: De la brevedad al intentoProvocaciones al impulso y la razón  y Píldora Roja. También es autor de  Educar(se). Aportes para la educación para el siglo XXI. Ha figurado en antologías poéticas editadas en México, Argentina y Chile.

La obra del ahora Tehuacanero Distinguido forma parte del acervo de  bibliotecas en Estados Unidos, Cuba, Panamá y próximamente Alemania.

Cabe resaltar que Abel Pérez Rojas es coautor de la Carta de Barrios Educadores y parte de su obra se ha incorporado en reformas legales.


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