¡Ay la culebra! (la bala que era para mi) -cuento-

Ser la carne de cañón y la sombra de Colosio fueron motivo del respeto que me gané a pulso con la gente del Estado Mayor, así como de toda la prensa que lo acompañaba.

Por MakaBrown

Me disponía a hacer mi maleta como siempre acostumbraba, en realidad no llevaba mucho equipaje. Un par de cambios de ropa, ya que siempre traía mi traje negro y corbata en rojo. Creo que vestir formalmente me sentaba bien, aunque honestamente creo que más bien era como un “uniforme”.

A donde quiera que hubiera algún mitin político de mi candidato me ponía mi “uniforme con el que pretendía conquistar el mundo”. En cierta ocasión un atrevido me dijo… “pues, ya trae muy desgastado su uniforme”.
“Así es, le respondí. Es que lo uso a diario”, (pues diario pretendo conquistar el mundo).

En el pueblo muchos me conocían como “El Loco”, no solamente por mi forma de vestir sino por mi fanatismo y mis ideales políticos. Tenía un pasatiempo muy extraño…me gustaba “jugar” al guardaespaldas de candidatos… del PRI claro, del PRI.

Anduve con De la Madrid, con Salinas… y ahora el turno con mi líder, con Luis Donaldo Colosio, orgullo norteño, orgullo mexicano. Ser su sombra era apasionante. Podía sentir cada uno de sus respiros. Podía visualizar lo
que imaginaba, y hasta sus discursos antes de que abriera su boca. “Veo un México con hambre y sed de justicia”, decía.

Los del Estado Mayor Presidencial no sabían quién era, ni por qué lo hacía. Me ofrecieron sueldo, alimento, transporte, charola… ¿bueno jijo de la chingada, entonces que chingados quiere?.

-Nada. No pretendo nada.

-¡¡No vengas a mamar pinche loco, qué chingados quieres, que pretendes… por qué sigues al candidato?.

Ya cuando me tenían hasta la madre les decía… es que quiero ser un ejemplo para mis hijos, apoyar al partido y mi granito de arena para tener un México mejor, ¡Viva México, cabrones!.

Tal y como lo decía mi candidato: “Vengo de la cultura del esfuerzo, y no del privilegio”… así era yo. Y por eso todas las consideraciones que tenían conmigo. No solamente era su fiel guardaespalda, también era el que abría valla. ¡A ver, a ver… a un lado, abránse, abránse, abránse… un fuerte aplauso al próximo Presidente de
México…. Viva Colosio chingada madre!!!… ¡¡Con huevos… no los escucho… Viva Colosio puta
madre!!!

Ser la carne de cañón y la sombra de Colosio fueron motivo del respeto que me gané a pulso con la gente del Estado Mayor, así como de toda la prensa que lo acompañaba. Aunque no me gustaban mucho los reflectores, casi aparecía diariamente en las portadas de los periódicos pegado, pegado, pegado a mi candidato.

Ya le había dado la vuelta a la república en tres ocasiones, con diferentes candidatos. Ya sabía el calendario de Colosio y también sabía que normalmente cambiaban de planes por cuestiones de seguridad.

El avión que me dejaría en Tijuana estaba próximo a salir… justo cuando cerraba la puerta sonó el
teléfono.

– ¿J.L.?, me preguntaron.

– Si… ¿quién habla?.

– Soy Tony, el hijo del Lic. López.

– Si…

– Señor J.L., mi padre ha muerto.

Recibí la noticia como si un balde de agua fría cayera sobre mi espalda. El Lic. López era mi mejor amigo. Éramos como hermanos desde niños. Me quede a su funeral. A pesar de lo mucho que tenía que decir permanecí callado por cuestiones de seguridad durante todo el velorio.

Al otro día sepultamos a mi buen amigo y decidí quedarme en casa para descansar un rato. La noche fue muy pesada y apenas acababa de cerrar los ojos cuando un vecino me despertó.

-J.L. J.L… ¿no estás viendo la tele?

– Ohhh que pinche tocadera traes.

– ¿No estás viendo la tele?, me preguntaba insistentemente.

– ¡Mataron a Colosio, mataron a Colosio!

– Una película completa entró en mi mente. Mi corazón quedo en shock al encender el televisor.
No podía creer lo que estaba viendo. La rola de la Banda Machos, Ay la Culebra no paraba de sonar
en cada una de las repeticiones que hacían del momento del impacto.

“La gente salió huyendo
Mirándome enojados
Toditos asustados comenzaron a gritar:
Huye, José!
Huye, José!
Ven pa´ca,
Cuidado con la culebra que muerde los pies… Ay la culebra”

Yo tenía que estar ahí. Ese era el día más importante de mi vida… ese era el día de mi muerte. Esa bala era para mí. Tomé el primer vuelo y cosa de unas horas ya estaba allá. Nada podía hacer mi jefe estaba
muerto. Mi candidato. Por mi culpa… esa bala… esas balas eran para mí. Si las cosas hubieran
sido diferentes… si no hubiera muerto el Lic. López. ¿Por qué Colosio? ¿Por qué?.

Me quede diez días en Lomas Taurinas. Una noche en la Cruz Roja, otra en un albergue, otra en el Comité Municipal, y otras en las mismísima casa de los familiares de Mario Aburto “El Caballero Águila”. Si fue quien disparó. Pero qué fue lo que lo obligo… o mejor dicho quién lo obligo, o lo planeo. La respuesta es muy sencilla.
Fue el mismo sistema. El modo de vida de los mexicanos. Los intereses. La cultura mexicana. Fuimos todos.

Aburto quería destacar, llamar la atención sobresalir. Quería ser algo más que un simple obrero de una maquiladora. Aburto quería ser el salvador… “El Caballero Águila”. Quería que todo México supiera que él era un héroe y que gracias a él podíamos tener un México mejor.

No podía dejar de pensar en Luis Donaldo junior, ni en su hija Mariana de apenas un añito de vida. ¿Cómo estaría Diana Laura?.

Pasaron ocho meses y su esposa Diana Laura perdió la vida por culpa de un tumor maligno detectado en el páncreas” según el informe médico.

Luego de dos años de aquel fatídico 23 de marzo de 1994, fueron por mí. Eran dos viejos conocidos.

-No hagas preguntas Loco, ni una pregunta.

Me subieron con los ojos vendados a una Suburvan y luego me subieron a un helicóptero.

No tenía la intención de preguntar nada. Pero se escuchaban emocionados. Podía sentir la brisa
del mar en mi rostro y el olor a mar lo recalcaba. Aterrizamos en una pequeña isla a la que
llamaban “La Isla de Satán”. Nos metimos tierra adentro y en medio de la maleza estaba
una gran palapa, hecha a base de palmeras.

Había una alberca y algunas hamacas en los árboles.

-¡Bienvenido Loco, bienvenido!, ahí estaba con su bigote bien recortado y sus clásicos rulos. Del
brazo derecho, estaba Diana, quien no paraba de sonreír, mientras corría a darme un abrazo de
bienvenida!…

“Veo a un Loco con hambre y sed de justicia”, me decían mientras me mostraban mi
nuevo hogar.

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