“El amor para que dure debe ser disimulado”: Enamorados de la Estación Pénjamo

Pénjamo, Guanajuato.- Hace más de 50 años Raúl e Imelda se conocieron, los dos originarios de la Estación Pénjamo, quienes han formado una familia de 15 hijos y más de 35 nietos. Por su manera de conocerse, “el amor para que dure debe ser disimulado” para que florezca y perdure.

Raúl Romero González de 75 años e Imelda Guerrero Jacobo de 74 años han refrendado tres veces sus votos matrimoniales, la última fue la celebración de sus Bodas de Oro por sus 50 años de casados, hace un año.

Su manera de hablarse entre ellos, refleja el amor y la confianza que existe entre la pareja; las bromas, el pensamiento y los recuerdos que comparten los hacen personas felices.

Su matrimonio les permitió dar a luz a 15 hijos, hombres y mujeres, “Y todavía quiere, le digo oye ¡párale!…me muero”—“Si no me morí yo que traje…” bromeó la pareja.

“En ese año no había televisiones, no había radios, no había nada era un pueblo de la Estación Corralejo, de terracería, amanecíamos con todas las narices humeadas de la cachimba, dormíamos entre la paja, no teníamos cama”, platicó Raúl sobre su vida en pareja en aquellos años de recién casados.

Pero, ¿Cómo comenzó su historia de amor?

Raúl contó que él soltaba un caballo todas las noches, de nombre Alcancia, un animal blanco, para que la familia de su enamorada no se diera cuenta de su noviazgo.

“Soltaba un caballo, porque sus padres eran muy delicados, era blanco y le puse Alcancia, a las 12 de la noche lo soltaba para que no me vieran y ahí iba tras de él y ya cuando pasaba le aventaba las cartas a un huerto y ahí ella se levantaba temprano a regarlo y ya las agarraba”, recordó. Fue así que nació el amor.

En aquellos tiempos no se permitía “ni agarrar la mano, muy delicado todo, ni a salir a platicar, puras cartitas”, dijo Imelda. Pasó un año así, hasta que los padres de Raúl fueron a pedir la mano de su enamorada.

Sin embargo, les dieron 2 meses de prórroga, para que pensaran su decisión de casarse, y

al final se casaron.

Fueron tres vestidos, los que Imelda usó el día de su boda, un azul y dos verdes, para ella el color blanco representaba algo muy “elegante” en ese tiempo, no era para ella.

“No quise de blanco se me hacía muy fantasioso, en ese tiempo estaba muy pobre la gente”, comentó.

Por último y como mensaje para las parejas actuales, la pareja enfatizó que “El amor para que dure debe ser disimulado…”.

Acerca del autor

Sara Garibaldi.- Licenciada en periodismo, egresada de la universidad de Morelia, gusta del cine, escribir y el futbol.

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